Publicidad
Gustavo Páez Escobar 24 Mayo 2013 - 11:00 pm

Detrás del suicidio

Gustavo Páez Escobar

El mayor detonante del suicidio es la depresión.

Por: Gustavo Páez Escobar
  • 39Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/detras-del-suicidio-columna-423973
    http://tinyurl.com/nct5k43
  • 0

Hay familias que se acostumbran a convivir con sus enfermos mentales bajo el entendido de que se trata de males llevaderos que se curan solos y no implican ninguna gravedad como para acudir al especialista, y por lo mismo no vigilan el desarrollo del trastorno, el cual puede llegar a límites fatales.  

Solo cuando sucede una tragedia los parientes se acuerdan de ciertos síntomas que indicaban la progresión del sufrimiento. Y vienen los golpes de pecho, cuando ya no hay nada que hacer. El suicidio afecta a todas las capas sociales y a todas las edades, pero ocurre con mayor frecuencia entre personas que no sobrepasan los 40 años. También involucra a menores de edad, con un registro pavoroso: cada 48 horas se suicida un menor en Colombia.  

Nos hemos acostumbrado a leer en los periódicos, casi en forma rutinaria, los casos de personas que se quitan la vida y suponemos que eso les sucede a los demás y no a nosotros mismos. Sin embargo, es difícil hallar una familia donde alguno de sus miembros no haya perpetrado este desenlace macabro. El  suicidio será siempre un hecho estremecedor, por el impacto que produce el saber que una persona ha sido capaz de eliminar su propia existencia, el mayor don de la vida. 

Se presentan diversas causas que desencadenan el desequilibrio mental y se tornan explosivas, como las crisis económicos, el desempleo, los conflictos de pareja, las enfermedades graves, el desacomodo en la sociedad o en la familia, el desamor, la drogadicción, el licor, el hastío de vivir… Estas alteraciones carcomen el alma, disminuyen el entusiasmo y deterioran la salud física. A la postre, desembocan en la depresión. 

La ola de suicidios es creciente y debe alarmarnos. Es un problema social que está incrustado en el ambiente, en la vida cotidiana, en la intimidad del hogar, en la reconditez del alma. La sociedad se estremece cada vez que una persona se lanza al vacío desde un edificio, o se dispara un arma de fuego, o ingiere un veneno, o se ahorca en el interior de su vivienda. Estos cuadros petrifican el espíritu y acongojan el sentimiento. 

Leo al vuelo una noticia que pinta este drama lacerante que se repite aquí y allá, cada vez con mayor asiduidad: “La semana pasada un estadounidense pensionado decidió lanzarse del séptimo piso de la Clínica Farallones, otro hombre se lanzó de un quinto piso de un centro médico en el norte de la ciudad y una mujer se tiró del séptimo piso de una de las torres del Hospital Universitario del Valle”. 

Como dice Piedad Bonnet en su conmovedor libro Lo que no tiene nombre, que escribió con dolor y duro realismo a propósito del suicidio de su hijo Daniel –quien se lanzó desde un edificio de Nueva York–, la persona que escoge este tipo de muerte lo hace con sentido de liberación. Se tira al vacío (suicidio por impulso) con la creencia de que de esa manera alza el vuelo y redime el espíritu y el cuerpo de la angustia insufrible que lo agobia. 

Una sola vez he visto a un suicida, y en la funeraria me impresionó, me desconcertó y al propio tiempo me maravilló, el ver dibujado en su rostro un gesto de serenidad. Hoy puedo pensar con Piedad Bonnet que para el enfermo crónico que no encuentra salida para su mal, el suicidio significa un deseo irreprimible de romper las cadenas de su esclavitud.    

Este discurrir truculento de la vida suele dejarse avanzar durante años, unas veces por incuria personal o de la familia y otras por falta de atención médica. Muchos pacientes no tienen recursos para el tratamiento siquiátrico. En cualquier forma, se trata de un problema grave de salud pública que desestabiliza la paz de los hogares y perturba la vida nacional.  

  • Gustavo Páez Escobar | Elespectador.com

  • 4
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

  • Aplicación que alerta lanzamiento de cohetes de Hamás
  • Proponen una 'silla vacía' más drástica
  • Cambio climático modificará la fragancia de las flores

Lo más compartido

Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio