Por: Iván Mejía Álvarez

Devuelvan algo

Una vez más la parte final del campeonato resulta emotiva, llena de suspenso, con una definición en la que un gol puede cambiar absolutamente todo.

Ya es una costumbre mirar la tabla, observar números, hacer conjeturas, sumar y restar, pues quedan dos casillas para seis equipos y cualquier cosa puede pasar en la ultima jornada.

Los dirigentes se quedan con estos últimos chispazos y están ensimismados en la misma formula. Hace rato que la creatividad se esfumó y año tras año se reitera el mismo torneo, el mismo sistema, las propuestas son iguales. Como se ha dicho en numerosas oportunidades, emotivo no es sinónimo de bueno ni significa calidad. Pero, en medio de tanto partido se ven buenos juegos, algunos de ellos espectaculares para el medio, como el del domingo pasado entre Medellín y Júnior. Un partido con numerosas opciones, vistoso, atractivo en las dos áreas, con un DIM que respondió a la última oportunidad que se le presentaba para definir por sí mismo su paso a las finales.

Para los rojos no había mañana si no ganaban y salieron a conseguir ese resultado con una propuesta futbolística atacante. Ganaron por un solo gol, pero crearon tantas oportunidades y atacaron tanto que el partido mereció mínimo dos goles de diferencia a favor del equipo rojo, que ahora tendrá que definir de visitante contra Quindío.

Sin embargo, el follaje del bosque no puede tapar que sesenta y pico años después de iniciado el fútbol en Colombia, todavía se presenten situaciones ridículas y que merecen atención por parte de la administración. Por ejemplo, estuvo bien el juez de Once Caldas-Nacional aplicando el reglamento e impidiendo que se jugara en la cancha manizalita por ese letrero gigantesco del nuevo dueño del cuadro albo hasta tanto no fuese borrado. Se llama, simple y llanamente, respeto al patrocinador del evento y lo único que hizo el juez fue cumplir con el reglamento.

Así, por encima, la Dimayor debería pensar urgentemente en algunas cosas para que el campeonato no parezca de barrio. No se respetan los tiempos de descanso, se toman más de 20 minutos, cuando las normas son claras: 15 minutos y punto. No se respetan las distancias en las barreras y mientras cuentan y recuentan se pierde tiempo y ritmo. La pinturita sería una solución y la Dimayor gana demasiado por multas y sanciones como para no invertir en el producto.

Vamos, don Ramón, métase la mano al bolsillo. Devuélvale al fútbol lo que recaudan en “impuestos”…

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