Por: Jaime Arocha

Diablos y glifosato

De nuevo objeto cómo la televisión estereotipa a la gente de ascendencia africana e indígena.

Para la Crónica RCN del 8 de julio, Eccehomo Cetina escogió el título de “El rastro del diablo”. Buscaba explorar la supuesta posesión colectiva de 25 mujeres “en la profunda selva chocoana, cuyos nativos dicen habita el diablo” (sic). Las jóvenes son de Pie de Pató, la cabecera municipal del Alto Baudó, hacia donde el presentador navegó pontificando sobre el horror y el misterio que rodean a la gente negra: “Mientras avanzábamos por el río, una sensación de estar entrando en una tierra metafísica de temores atávicos, de pensamiento telúrico comienza a rozar cada cosa en el ambiente”.

A la búsqueda de diablos y espíritus malignos para dilucidar las convulsiones que sufrían cuatro mujeres, la gente respondía con testimonios sobre los traumas emocionales que causan la guerra y el hambre. Por unos cinco minutos las cámaras enfocaron a Bramancio Pacheco, un reconocido jaibaná o sacerdote de la gente embera. Lo convocaron para que exorcizara del cuerpo de las jóvenes a Yarú, el diablo. De manera irrespetuosa, en el programa al señor Pacheco lo ningunean mediante el apelativo de brujo, luego de haberlo buscado en Nauca, donde entrevistaron a otros indígenas sobre las posesiones diabólicas. Los emberas sí hablaron de dos niñas que se habían suicidado en los últimos meses, pero hicieron énfasis en una escasez de alimentos que les era desconocida porque ahora la comunidad no tenía qué pescar y tan sólo disponía de plátano y ají para alimentarse.

De Nauca, los cronistas de RCN pasaron a Puerto Martínez. Persistían en demostrar supersticiones posibles únicamente en una Edad Media que desacreditaban refiriéndose a la relación entre las posesiones y malignos espíritus selváticos. Sin embargo, en esa aldea ribereña un campesino negro volvió sobre el contexto social al afirmar que “cuando pasa la avioneta fumigando, la brisa se lleva todo”. De ahí la muerte de los peces del río. Jaiber Mosquea, personero de Pie de Pató, y otros entrevistados ampliaban sus descripciones del ambiente traumático que al menos durante los últimos ocho años enfrenta la gente de la región por las acciones violentas de Fuerza Pública, guerrilleros y paramilitares, el destierro territorial y la consecuente penuria alimenticia. Otro campesino ofrecía más información sobre la crisis: “Estamos asustados porque para la población baudoseña estas fumigaciones es un desplazamiento que el Gobierno está haciendo a toda la población y prácticamente acá donde estamos, estamos embotellados y no sabemos qué hacer. Esto nos tiene padeciendo a todas las comunidades”.

En el Baudó, más que diablos pululan sistemas de producción sustentable amenazados por el glifosato y porque no son objeto de la asistencia técnica que en otras regiones de Chocó sí reciben aquellos palmicultores que de acuerdo con la Corte Constitucional se han beneficiado del destierro de afrocolombianos e indígenas. Cetina quiso probar la hechicería, pero terminó enumerando las materias primas de una futura protesta social. Con seguridad se la achacarán al senador Jorge Robledo en vez de ponerle fin a la insensibilidad gubernamental.

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