Por: Héctor Abad Faciolince

La dicha de ser distintos

TAL VEZ POR SU PASADO IMPERIAL Y colonial, o quizá porque la lengua y la cultura de esta pequeña isla son conocidas en el mundo entero, no hay (o no había hasta el Brexit) un pueblo más cosmopolita que el inglés. De ahí que sea tan valioso e importante que el Hay Festival de Cartagena surja de una alianza entre Colombia —país ensimismado, provinciano y cerrado a la inmigración— y Gran Bretaña. Con el impulso de una incansable gestora cultural, Cristina Fuentes, cada año se cruzan en la heroica escritores, científicos y artistas provenientes de muy variadas culturas y civilizaciones. Con ellos interactuamos los locales.

Este año, para mí, la sensación de estar en un extraordinario cruce de caminos se acentuó aún más por el privilegio que tuve de ser el interlocutor de una escritora pakistaní, Fatima Bhutto, de un novelista vasco radicado en Alemania, Fernando Aramburu, de un cubano más caribeño que el son y el ron, Leonardo Padura, y de un escritor libio, Hisham Matar, cuyo apellido beduino no significa “quitar la vida”, sino lo más escaso y precioso en los desiertos de su tierra: lluvia (mátar).

En estos tiempos en que, de la mano de Trump, Farage, Le Pen, renace la enfermedad contagiosa del nacionalismo más cerril y ramplón (el mismo que produjo las guerras más sanguinarias de la historia del mundo), conversar con estos intelectuales y artistas de la palabra fue como recibir una lluvia de antídotos contra esa misma peste, el nacionalismo, y contra la tiranía, el abuso de poder y la violencia como armas del fanatismo político.

Aramburu, el vasco, presentó una novela de título irónico, Patria, cuya trama termina siendo un alegato contra el nacionalismo vasco (y por ende contra todos los otros) y una defensa conmovedora de las víctimas del terrorismo. Con un perfecto dominio tanto de la lengua castellana como de las técnicas narrativas, el arte de la ficción se revela como la herramienta ideal para hacer entender el error y el horror de la ideología y el fanatismo nacionalistas. En nombre de la tal “patria” los peores crímenes se justifican y son perdonados.

Padura, con una inteligencia y un tacto deslumbrantes, es el más claro ejemplo de un escritor independiente que ha conseguido vivir y sobrevivir en un régimen opresivo, y ha sido también capaz de describir a la perfección los horrores del estalinismo (en su prodigiosa novela sobre Trotsky, El hombre que amaba los perros), y los peligros de la fe irracional y oscurantista en la última religión “científica” inventada por Occidente: el comunismo.

Y finalmente Fatima Bhutto y Hisham Matar, dos escritores de origen musulmán que desmienten todos los prejuicios y las tonterías que se difunden sobre las personas nacidas en la cultura islámica. Ambos, que han sufrido en carne propia el fanatismo político y religioso de sus países (sus padres, Jaballa Matar y Murtaza Bhutto, fueron brutalmente asesinados por el poder), ahora se deben enfrentar a la torpeza, los prejuicios y fanatismo de otros, los supuestos demócratas y defensores de la libertad, que ordenan incluso prohibirles la entrada al país donde suelen dar conferencias y donde más lectores tienen: Estados Unidos.

El Medio y el Cercano Oriente, el país vasco, el Caribe, representados por cuatro novelistas, de algún modo se han dado cita en Cartagena para celebrar que Colombia sea el país al que los exiliados pudimos volver, y un país en el que esta semana los soldados y los guerrilleros (enemigos de décadas) se han dado la mano con alegría y fraternidad. No es casual que hoy aquí, en este país del Extremo Occidente, podamos ofrecer un sitio para que las civilizaciones se crucen, conversen, se conozcan y se respeten. El sano y viejo espíritu cosmopolita a veces se respira mejor en la periferia de los viejos imperios que en su mismo corazón. Trump ha declarado con orgullo que no lee libros. Si los hubiera leído, si leyera estos, no sería el nefasto, obtuso y peligroso líder que es.

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