Por: Luis I. Sandoval M

Diez dificultades de la paz

Imposible imaginar el camino de la paz sin dificultades. La terminación de un conflicto complejo no puede ser sino compleja. Identificar las dificultades a tiempo puede servir para superarlas.

Por supuesto hay diferentes ópticas para hacer esta lectura. Yo me ubico no en la óptica de los actores centrales del conflicto – guerrilla y Estado - , aunque me esfuerzo en entenderlos, sino en la de la sociedad civil y política que trabaja persistentemente por la paz dialogada.

Diez son, me parece, las dificultades que experimenta al presente el esfuerzo gubernamental, insurgente y societal por encontrarle una salida al conflicto sin vencedores ni vencidos, esto es, política.

Los tiempos. El gobierno quiere firmar antes de noviembre de 2013, las Farc-Ep insisten en que no puede haber talanqueras de tiempo.

La parcelación. Hablar con Farc-Ep y no incluir desde el comienzo a ELN y EPL lanza el mensaje de que el conflicto armado puede continuar.

El discurso. Cada contrincante estimula la belicosidad de sus bases y espacios de apoyo, existe incontinencia verbal, retórica de confrontación, no lenguaje de reconciliación.

La opinión. A la gente del común le parece contradictorio anunciar la paz y escalar la confrontación, no tiene el alimento informativo y motivacional de una gran empresa pública como es la paz.

Los opositores. La postura del fin por la victoria militar (acabarlos), so pretexto de seguridad, tiene jefe y audiencia que parece ampliarse.

Las elecciones. Utilizar la paz solo como señuelo para competir en elecciones sería un error, igualmente erróneo sería oponerse a la paz porque los partidarios o gestores de ella pueden ser premiados por los electores.

Las reformas. La agenda sustantiva es muy realista, pero la reforma rural, la reparación de las víctimas, la ampliación del juego político, el asunto de los cultivos y drogas de uso ilícito tienen que ir en serio y a fondo, no pueden quedarse en gestos propios del Príncipe de Lampedusa, sin embargo los poderes reales no parecen querer reformas de verdad a la medida de los problemas.

La economía. Si se acentúa descenso de la economía el país, los empresarios, el propio Estado, podrían concluir que no es soportable el costo de la paz.
Las otras violencias. Si no se pone fin a las llamadas Bacrim, a los ejércitos antirrestitución de tierras, quienes lleguen a la paz pueden ser víctimas de nuevo genocidio, crece fundadamente este temor. Asesinatos de líderes campesinos acaban de producirse en Córdoba, Cauca y Guaviare.

Las veleidades. Hay personajes que reclaman estar en la foto, en la de la guerra o en la de la paz, estar de todas maneras, que los inviten siquiera a un tinto.
Resumen: no hay política de paz de Estado que busque la mayor convergencia posible para desatar la voluntad nacional de paz, sí hay una intención en el alto gobierno, real y seria sin duda pero no unánime, en cambio están muy activos los enemigos implacables de la paz, mientras el conjunto diverso de sociedad civil y política que apoya la paz apenas comienza a cohesionarse y movilizarse como ocurrirá en abril con la Marcha del 9, el Congreso Nacional del 19-21, el Foro Político al final del mes para cumplir con el pedido de la Mesa de La Habana.

No se sabe si el gobierno siente la necesidad y posibilidad de un amplio Acuerdo Nacional por la Paz, ni si convocará el Consejo Nacional de Paz para apuntalar este propósito. Si hay dificultades también hay facilidades y una de ellas, no pequeña, es que esta vez las FARC-EP realmente quieren la paz.

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