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Javier Moreno 8 Feb 2013 - 11:00 pm

Dilemas de la ciberenseñanza

Javier Moreno

Uno de los retos actuales de la educación superior es cómo masificarla sin sacrificar calidad. Esta masificación es crucial en cualquier modelo de desarrollo concebible.

Por: Javier Moreno
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Recientemente, varias universidades en Estados Unidos (asociadas con empresas recién nacidas en Silicon Valley) han empezado a ofrecer cursos abiertos en línea. Estos cursos (ver por ejemplo coursera.org o udacity.com) permiten el acceso activo y simultáneo de decenas de miles de personas a recursos educativos que hasta hace muy poco estaban restringidos a quienes podían pagarlos. La palabra clave es “activo”. Sistemas de educación a distancia de bajo o nulo costo han existido desde hace mucho (en nuestro país, el papá de Rufino José Cuervo dirigía en 1832 un periódico para campesinos de promoción y divulgación de la lectoescritura y las técnicas agrícolas), pero hoy Internet permite niveles de interacción comparables a los de una clase magistral presencial tradicional.

Los entusiastas de las (ya no tan) nuevas tecnologías ven en estos cursos el futuro (y de paso la salvación) de la educación superior y claman por la adopción urgente y plena de estos sistemas así como su integración dentro de los programas existentes. Sus críticos ven en ellos otro paso más en el proceso hacia un modelo totalmente despersonalizado y de dudosa calidad donde las universidades esencialmente delegan su misión de educar en sistemas informáticos.

Como es usual, los profetas utópicos y apocalípticos se apalean mutuamente mientras el mundo sigue su camino impasible. Los cursos abiertos masivos en línea son una realidad inevitable (y el paraíso del autodidacta apasionado), pero dudo que su presencia nos salve o nos condene. Todavía no hay evaluaciones prolongadas de su efectividad y limitaciones. No sabemos qué podrían reemplazar y qué podrían complementar. Parecerían particularmente apropiados para asignaturas técnicas de nivel básico, pero es demasiado temprano para determinar cuál será el lugar que les corresponda dentro de la educación formal. Por lo pronto, ninguna de las universidades que ofrece estos cursos los acredita oficialmente en sus propios programas de estudio. Son sobre todo un nuevo canal (muy loable, eso sí) de promoción de su prestigio.

Es importante no perder de vista que el debate metodológico no puede ser un sustituto de las discusiones políticas de fondo. La universidad está en mora de reformas sustanciales que la adapten a las nuevas realidades sociales y económicas. Antes que nada es necesario actualizar y aclarar su propósito. Ninguna tecnología nos librará de la responsabilidad de decidir hacia dónde ir. En últimas, los cursos abiertos masivos en línea son apenas herramientas y servirán (dentro de sus restricciones) al paradigma educativo que se elija. Conviene aprovecharlos.

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