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Armando Montenegro 2 Feb 2013 - 11:00 pm

Doctor Fausto en La Candelaria

Armando Montenegro

El mito del doctor Fausto—un hombre que le entrega su alma al diablo a cambio del conocimiento, el poder, la fama y la riqueza— se reproduce, con acentos locales, en todos los países y en todas las épocas.

Por: Armando Montenegro
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Hay indicios de que el drama del personaje que retrataron Marlowe, Goethe y Mann, entre otros, puede estar ocurriendo en el mismo centro de Bogotá.

Al parecer el doctor Alexei Julio, un extraordinario abogado, innovador del derecho constitucional, estaría sufriendo un verdadero dilema faustiano que podría, eventualmente, merecer la atención de nuestros dramaturgos nativos. Con todos los merecimientos, Julio aspira a ser magistrado de la Corte Constitucional. Toda su vida se ha preparado, paso a paso, en Colombia y Europa, para ese cargo. Es más, señalan que, con sus luces, le daría lustre a tan alta corporación.

Desde hace meses hace parte de una lista de 20 profesionales entre quienes el Consejo de Estado debe seleccionar una terna, de la cual el Congreso de la República escogerá el próximo magistrado de la Corte Constitucional. En las primeras votaciones en el Consejo, acontecidas en los últimos meses de 2012, el doctor Julio no figuraba entre los tres primeros. De pronto, sin embargo, su nombre comenzó a ganar adeptos. Aunque no hubo una decisión, en los días pasados ya alcanzaba el tercer lugar. Varios observadores señalan que la suerte final de Julio depende de su voto, como magistrado auxiliar, en la decisión sobre las pensiones en la Corte Constitucional. Piensan que a su conciencia se le ha presentado un negocio luciferino: mantener las pensiones obscenas de magistrados y congresistas a cambio de su lugar en la terna.

Aquí entra en escena la imagen del Fausto. Julio tiene la capacidad de hundir el proyecto que busca acabar con los privilegios pensionales. Esto complacería a numerosos consejeros de Estado, que luchan por la defensa de sus indecentes fueros, y así aseguraría su lugar en la terna. Quienes saben de este asunto piensan que su capitulación moral también le ganaría amplios apoyos en el Congreso, el otro gran beneficiario de las pensiones extravagantes.

De esta forma Julio quedaría cerca de alcanzar la ambición de su vida profesional. Pero la transacción sería costosa. Su precio, como en los dramas de Marlowe y Goethe, sería la venta de su alma de jurista sabio y honrado.

Si, por el contrario, el doctor Julio, de acuerdo con sus antecedentes de jurista preocupado por la equidad, apoya el desmonte de los odiosos privilegios, seguramente perdería su lugar en la terna del Consejo de Estado. Por su apego a los dictados de su conciencia podría enterrar el sueño de su vida. No se puede descartar, eso sí, que como reconocimiento a su rectitud, podría, en el futuro, ser correspondido por el gobierno y la sociedad.

El abogado que quiere tumbar las pensiones de privilegio recusó a Julio, por temor a que pudiera ceder ante la tentación y que, en verdad, emule al doctor Fausto.

El tremendo drama humano de Julio, muy a su pesar, será seguido con atención por buena parte de la sociedad colombiana. Lo mismo sucederá con la suerte de la recusación y las estratagemas de los togados príncipes de las tinieblas. El resultado, cualquiera que sea, será motivo de hondas reflexiones sobre la condición humana y la corrupción de ciertos miembros de nuestras altas cortes.

 

  • Armando Montenegro | Elespectador.com

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