Por: Felipe Zuleta Lleras

Qué dolor, qué vergüenza

LEYENDO EL INFORME PRESENTADO esta semana por el Grupo de Memoria Histórica sobre la violencia en Colombia desde 1958 hasta la fecha, queda uno enfermo, horrorizado, aterrado, anonadado y repugnado.

Casi 220.000 muertos en 54 años, de los cuales 176.000 fueron civiles. En qué momento Colombia acabó transformado en el país con mayor número de desplazados del mundo: 5 millones de conciudadanos. La barbarie se tomó este país ante la mirada indiferente de nuestra clase dirigente, de nuestros gobernantes y de nosotros mismos, los periodistas, que nos dedicamos a registrar el día a día, olvidando la tragedia de millones de nuestros compatriotas.

No pretendo volver este escrito en un resumen imperfecto de un informe que contiene 400 páginas, pero quiero hacer una reflexión con ustedes. Los colombianos, entre los que me encuentro, nos hemos vuelto insensibles ante la tragedia de millones de habitantes de nuestro país. Tal vez frases como la de que somos el país con el mayor número de desplazados del mundo nos suena tan familiar que olvidamos que esos ciudadanos recorren el país como penas en alma. Familias con abuelitos, niños, enfermos. Imaginemos que desplazamos a Medellín y a Barranquilla en su totalidad. Traten de imaginarse a esos 5 millones de colombianos trasladándose de un lugar a otro.

Otra cifra, que debemos recordar tiene cara, es la de 10.189 colombianos mutilados o muertos por las minas antipersonales. Esto quiere decir que miles de ciudadanos han quedado lisiados de por vida, víctimas de una guerra absurda que parece no tener fin, pues mientras el Gobierno habla con las Farc en Cuba, nos enteramos de la masacre en contra de 11 muchachos del Ejército que fueron asesinados con tiros de gracia por los criminales de la guerrilla.

No quisiera decirlo, pero el país está enfermo. Primero quienes delinquen y asesinan sin escrúpulos y de otra quienes nos hemos acostumbrado a ver estos hechos sin ni siquiera persignarnos. Por Dios, ¿qué nos ha pasado, en qué clase de país estamos viviendo y criando a nuestros hijos, en qué nos hemos equivocado y lo hicieron nuestros mayores?

Confieso que quedé con dolor de patria, con dolor en el corazón, pues eso explica, entre otras razones, que las nuevas generaciones no quieran quedarse a vivir en Colombia cuando acaban sus estudios universitarios y no los culpo, porque se criaron viendo todo este desastre desde que nacieron sin que nosotros los alertáramos sobre la necesidad de cambiar nuestra actitud indiferente ante el dolor de millones de nuestros conciudadanos.

No entiendo cuándo empezó a joderse este país, pero realmente es apabullador que en 54 años el equivalente a Popayán, con sus 200 mil habitantes, fue asesinado por todos los actores del conflicto. Como diría una abuela, que Dios nos agarre confesados.

Notícula

En qué estaría pensando el procurador general cuando dijo, refiriéndose al Marco Jurídico para la Paz que “nos los están metiendo con vaselina”.

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