Por: Julio Carrizosa Umaña

Donde vivir

Cuando los jóvenes reflexionan acerca de su futuro, ¿qué podemos contarles los viejos que vimos construir en sesenta años ciudades para más de 30 millones de habitantes? La historia de ese proceso gigantesco y acelerado, de esa verdadera epopeya urbana, no se ha escrito todavía; pero es evidente que no fue planeada. Lauchlin Currie, asesor de varios gobiernos en el siglo pasado, propuso que se acelerara la inmigración a las ciudades para aumentar la productividad del país, pero su consejo nunca se convirtió en política pública.

Lo que pasó fue la respuesta masiva a las tragedias de la violencia y el narcotráfico en un contexto de crecimiento rápido de la población. La eficacia del proceso nos prueba la enorme energía y capacidad de quienes ante amenazas de muerte o de pobreza fueron capaces de solucionar su problema familiar abandonando el campo, asentándose en entornos desconocidos, en muchos casos construyendo sus propias viviendas, en otras participando directamente en la dotación de servicios públicos o en el ordenamiento de urbanizaciones improvisadas. Enfrentándose siempre a humillaciones y falsas cortesías. Hoy la situación es diferente: los jóvenes urbanos tienen otras oportunidades, algunos pueden decidir dónde y cómo vivir, inclusive escogen, en muchos casos, irse para otro país.

La mayoría probablemente trata de quedarse en las ciudades que construyeron sus padres y abuelos. Algunos están respaldados en esos sitios por intereses económicos y políticos tan importantes que sería irracional buscar fortuna en otra parte. A otros les da miedo cambiar de situación aunque estén rodeados de pobreza y de riesgos. No son muchos los que piensan que puede existir otra población colombiana en donde tengan mejor suerte.

En el campo las decisiones están forzadas por la situación; en el período intercensal el 41% de los municipios de Cundinamarca disminuyó su población. Porcentajes semejantes hay en casi toda la Región Andina, inclusive en el Eje Cafetero, en donde la crisis impulsa migraciones inusitadas; en el Caribe se dice hoy que las fuerzas unidas contra la Ley de Víctimas están forzando nuevos desplazamientos, y es posible que las inundaciones de 2011 estén influyendo en algunos campesinos, fatigados por la unión de los desastres.

Nada de esto es nuevo. En 1948 se inició este proceso de migración del campo a la ciudad que está entrelazado con la violencia, la corrupción, el narcotráfico y la pobreza rural. Más de los que pensamos salen del campo forzados por el deterioro secular de los ecosistemas que hace imposible obtener ingresos suficientes del agro, como lo demostró Germán Márquez hace años.

¿Por qué se quedan? ¿A dónde van? Se dice que una llamada, una imagen, una exageración, un regalo, un trino es lo que los guía; es un mercado de ilusiones construido desde lo informal, tal como se ve en las telenovelas. Sus abuelos, padres y maestros les podrían contar parte de lo que les espera.

*Julio Carrizosa Umaña

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