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Lorenzo Madrigal 30 Dic 2012 - 11:00 pm

Dos cositas y adiós

Lorenzo Madrigal

Al despedir el año y pues no caben resúmenes en nota tan corta, solamente quiero mencionar dos cositas (una de ellas muy grande).

Por: Lorenzo Madrigal
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Esta es la irreparable pérdida territorial en el mar Caribe, de la cual no acabaremos de reponernos. La otra, que no se compara, la menciono más adelante.
Ha dicho el expresidente Pastrana que el fatídico fallo de La Haya es atribuible a magistrados que tenían tela cortada contra nuestro país, a más de la imprudente frase de la señora canciller, por la cual era de esperarse “un fallo salomónico”. Fue así como de esta manera obtuvimos —digo yo— no uno salomónico, sino más precisamente leonino, pues a todas luces no se ajustó a derecho y sí a precisiones discrecionales de una supuesta equidad.

Por otra parte, el presidente Santos se exculpó del resultado del alto tribunal, aduciendo que todo estaba hecho cuando llegó su buen gobierno y que sólo cabía esperar una sentencia. Se ocuparon, entonces, en Cancillería, de la Cumbre de las Américas, vitrina para el mandatario, cita regional sin mayores resultados y escándalo mediático por el alboroto de los escoltas del presidente norteamericano. Mientras tanto, el agua del Caribe nos corría mar arriba.

No debería el novel ministro del Interior pensar en reelección presidencial, ni como opción ni como obsesión. A este gobierno le tocó el golpe duro de la decisión de La Haya, pero fueron casi dos años los suyos en que algo pudo haberse hecho, así fuera a manera de lobby, como lo hicieron los nicaragüenses infatigablemente, y, sobre todo, no haber dejado escapar esa frase inoportuna. La ministra es dada a ellas: en la mencionada Cumbre también dijo que la prostitución se daba donde hubiera un hombre, y en el caso de Cartagena había casi treinta presidentes masculinos y un número impreciso de escoltas “bilaterales” (de uno y otro sexo).

El otro asuntico del que quería decir algo, antes de finalizar el 2012, es el que se ha vivido en las aduanas de la Heroica, con los camiones compactadores para Bogotá, que ofensivamente despacharon de USA, usados y en préstamo de uso, sin siquiera lavarlos, pintarlos y/o desinfectarlos. Con precisión, los definió el concejal Juan Carlos Flórez como unos verdaderos “tiestos”.

¿Qué agregar a esto? Solamente que, aparte de costos y descuidos en esa importación, ofende el negocio en sí, en el que, con fines de aseo, se mostró el mayor desaseo. Los utensilios de la limpieza, y eso lo saben las amas de casa, han de ser de pulcritud suma. Se trató de un irrespeto mayúsculo a la ciudad y de un engaño visible.

Les deseo un feliz año, muy limpio y un lindo mar —al menos el que nos quedó como propio, que no es poco—, mientras lo conocemos, porque hasta la fecha, “no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar” (León).

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