Por: Luis Carlos Vélez

Dudas sobre las becas

Esta semana nos enteramos de una generosa donación que le hizo el gobierno cubano al proceso de paz en nuestro país. Se trata de un paquete de mil becas para estudiar medicina en La Habana. El embajador de esa nación en Bogotá realizó el anuncio y calculó el generoso gesto en unos $238.000 millones. Según fue informado, la mitad de las becas serán otorgadas para ciudadanos que apliquen a los beneficios y la otra mitad irán para miembros de las Farc.

Sin el ánimo de pasar por malagradecido, porque a caballo regalado no se le mira el colmillo, es necesario que se respondan rápidamente algunas preguntas sobre este amplio gesto o, de lo contrario, la iniciativa quedará como otro conejo que le hace la guerrilla al país para siquiera enfrentar la disminuida justicia que se acordó en el acuerdo.

Empiezo. ¿Cómo se escogerán los beneficiaros de estas becas de medicina de Cuba? ¿Se convertirán en una pena alternativa para miembros de esa guerrilla? ¿Podrán asistir guerrilleros que no han sido juzgados por la Justicia Especial de Paz? ¿Qué pasa si los guerrilleros escogidos para estas becas no han cumplido el bachillerato? ¿No importará?

Es determinante hacer públicas las respuestas a estas inquietudes, de lo contrario estaríamos frente a un enorme caballo de Troya que no tiene otro objetivo que el de ser una salida creativa para evitar que guerrilleros no paguen tiempo en cárcel. Terrible. Los asesores del presidente Juan Manuel Santos en temas de paz siempre le dijeron que lo más difícil del proceso no es la negociación en sí, si no la implementación de lo negociado. Para que todo el esfuerzo de sentar a las partes en la mesa y finalmente se llegue al objetivo establecido de acabar la guerra, se debe ser impoluto en la puesta en marcha de lo acordado. No solamente porque es garantía entre las partes, sino porque es una señal de seguridad para el país, incluso para los que no estuvieron de acuerdo con el resultado de las conversaciones.

A un año y medio de las elecciones y en un creciente ambiente de rechazo al Acuerdo de Paz y al presidente de la República, no se puede permitir que se haga conejo a lo acordado. No se pueden dar señales de ventajismo, traición o mentiras. La gente está cansada y si no se ponen serios en atajar a los avivatos que no quieren cumplir con lo negociado o a los que quieren mercachiflear con la paz, léase los verdaderos dueños de las empresas que se quedaron con los contratos de la instalación de las zonas veredales sin tener experiencia o hacer bien su trabajo, el proceso de paz corre el riesgo de encontrarse con un nuevo presidente que lo rechace y no le dé pena hacerle conejo al conejo.

 

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