Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

Duelo

Un auditorio co sus 664 butacas ocupadas. Casi todos los asistentes son estudiantes. Acatando el protocolo, el presentador saluda y enfatiza: “Este es un evento académico”.

Juan Luis Mejía, rector de la universidad anfitriona (Eafit), ofrece un discurso de bienvenida citando a Tereza Batista cansada de guerra, de Jorge Amado, para ilustrar el ánimo conciliador del foro “Diálogos en La Habana: una mirada integral al proceso de paz”.

Las invitadas inician la disertación: Piedad Córdoba envía un video y excusa su ausencia; continúa la representante Ángela Robledo.

Entra el tercer panelista, Jaime Arturo Restrepo (exabogado de alias Olivo Saldaña), quien comienza su exposición en un tono de voz bastante alto, que sube hasta el paroxismo. Activa una presentación en Power Point: habla del reclutamiento forzado, exhibiendo las fotos de las caras de cinco niños armados, y comenta: “Estos no fueron reclutados en el parque Lleras”. Algunos asistentes (¿comité de aplausos?) celebran su sentido del horror. Describe las minas antipersonas mostrando la cara de un niño herido. Evoca la masacre de Tame ilustrando con las caras de tres niños fusilados. Lanza arengas, estigmatiza a los medios de comunicación y entona el himno de las Fuerzas Armadas (con imágenes de Álvaro Uribe). Con él, se ponen de pie algunos espectadores, incluyendo a otro panelista: José Obdulio Gaviria. Restrepo culmina su show chocando sus tacones con aire marcial.

Un grupo de estudiantes de derecho, dirigidos por la alumna Valentina Guevara, trabajó durante más de seis meses en este foro, en el cual también participaron Iván Cepeda y Antonio Navarro (Francisco Santos canceló su asistencia). El estudiante Daniel Duque, director de las Juventudes del Partido Verde en Antioquia y el Eje Cafetero, comenta que contactó a los invitados con la aprobación de sus superiores en la universidad.

En reiteradas ocasiones le solicitaron a Restrepo que entregara sus diapositivas con la suficiente antelación, pero siempre respondió que “la presentación estaba muy pesada” (para enviarla por correo electrónico).

Cierto: era muy pesada...

Dejando de lado las palabras de Restrepo y su falta de decoro como expositor, me surgen ciertas reflexiones: frente a él estaban las cámaras de la universidad y se había advertido públicamente sobre la transmisión del evento: ¿por qué exhibió imágenes que permiten identificar a los niños? ¿Por qué no facilitó las diapositivas con anticipación? ¿Acaso olvidó el Código de la Infancia y la Adolescencia?

Eafit le abrió las puertas al debate, de buena fe propició un espacio pluralista, honorable.

¿Hasta cuándo tendremos que soportar que personas ajenas a las universidades —privadas o públicas— insistan en polarizar y convertir sus recintos en nichos de violencia verbal, psicológica o física?

Como en los legendarios duelos entre caballeros, los académicos respetamos unas normas: nos defendemos con las ideas, los argumentos, la realidad sometida a la mirada reflexiva del diálogo teórico, de diversas construcciones de la Historia.

La razón asiste a la representante Ángela Robledo: “Dejemos este maniqueísmo de creernos tan buenos unos y tan malos otros”.

 

* Ana Cristina Restrepo Jiménez

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