Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Ecoturismo y desarrollo sostenible

El ecoturismo sólo podrá considerarse como una actividad que contribuye al desarrollo sostenible si está basado en el respeto por la cultura local, en la distribución justa de los beneficios y en la conservación y el manejo responsables del medio natural.

Un ecoturismo promovido por enclaves económicos que administran el espacio natural aislando o expropiando a las comunidades locales, no es acorde con agendas de desarrollo local sostenible.

Un buen ejemplo de ecoturismo lo encontramos en Costa Rica, donde todas las actividades productivas apoyadas por el Gobierno deben superar un severo escrutinio de sostenibilidad ambiental y social. Para Costa Rica, el turismo es la principal fuente de divisas. En contraste, en algunos lugares de África, el turismo basado en el contacto con la naturaleza se ha limitado a la conservación de la belleza paisajística en extensas reservas privadas, expropiando a los pobladores locales y estableciendo empresas que actúan como enclaves económicas que nada dejan a los locales, excepto la evidencia de grandes desequilibrios sociales y económicos. Una noche en un natural resort, en una reserva privada en Tanzania, puede costar el equivalente a cinco meses del salario que recibe un habitante del entorno en el cual está ubicado. Que se cobre duro a los visitantes no está mal: es cuestión de oferta y demanda. Lo malo es que las comunidades locales no participen de los beneficios y que sólo sean observadores de un turismo de naturaleza que genera grandes utilidades que se transfieren en su totalidad al exterior. En el mejor de los casos, los habitantes originales de estos territorios venden a muy bajo precio su trabajo a los hoteles.

La discusión sobre la construcción de un resort de lujo en el parque Tayrona nos debe llevar a tomar medidas nacionales para asegurar que el ecoturismo sí apoye el desarrollo local sostenible. Los hoteles en el medio natural deben, primordialmente, estar fuera de las áreas protegidas y contribuir a la conservación del territorio circundante, pues son usuarios de los servicios ambientales asociados a la conservación de los ecosistemas naturales. Como ya se hace en muchos países, la tarifa de ingreso a los parques nacionales naturales debe diferenciarse de acuerdo con el parque y la capacidad económica del visitante. La tarifa de ingreso a un parque natural debe fijarse según ubicación, accesibilidad, valores escénicos y ecosistémicos. En Kenia, los parques nacionales más atractivos y demandados tienen para el extranjero una tarifa de ingreso de US$60 por día, mientras que para ingresar a los menos atractivos se paga una cuarta parte. El turista extranjero paga en promedio quince veces más que el turista nacional. En Colombia, cuando se da el caso, el extranjero paga sólo tres veces más que el nacional. Las comunidades locales y sus gobiernos deben tener una participación importante en las utilidades asociadas a la actividad ecoturística. El ecoturismo tiene para Colombia un gran potencial y es argumento para la conservación y valoración económica de servicios ambientales asociados a nuestros ecosistemas naturales. El auténtico ecoturismo debe asegurar la permanente y efectiva participación de las comunidades locales en las actividades productivas asociadas, en la toma de decisiones respecto al uso y manejo del territorio y en la distribución de utilidades generadas por el turismo.

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