Arrancó la feria

Este año la Feria Internacional del Libro de Bogotá llega a su edición número 26.

Un espacio como este, en el que se reúnen las editoriales a vender libros, escritores de este país, pero también de otras partes del mundo, conferencistas, expertos académicos, artistas gráficos, editoriales universitarias, proyectos independientes, entre muchas otras cosas, debe ser visto como lo que es, debe descubrirse desde su razón de ser: como un encuentro humano en torno a lo que la literatura (desde la fantástica hasta la académica) significa. 

Los esfuerzos que la Feria del Libro hace para que dicho encuentro humano sea fructífero son gigantescos. Basta con ver, por ejemplo, a quién ha traído para esta ocasión. A la cabeza está, por supuesto, el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, dueño de una prosa exquisita y prolífica y quien ha recorrido el mundo entero (sobre todo, gran parte de este hemisferio) para contar historias como La música del hambre, la historia de la hija de dos exiliados. Acá vendrá, a tener contacto con sus lectores, a dejar ver el ser humano que se esconde tras ese medio centenar de obras publicadas.

Portugal es el invitado de honor. Se honrarán las letras de gigantes de la literatura mundial, como el impresionante Fernando Pessoa o el premio Nobel José Saramago.

Y de ellos para adelante: otros autores no tan conocidos pero que han calentado el brazo escribiendo y moldeando gran parte de la tradición literaria de ese país. Ahí están los nombres: Adélia Carvalho, Alfonso Cruz, Ana Luisa Amaral, André Letria, entre muchos otros. Sus obras traducidas al español, las conferencias para explicarlas. En fin. Una experiencia que puede resultar maravillosa.

Las letras, en el caso del país invitado, se mezclan con otras expresiones humanas, de la cultura propia portuguesa, para así dar una apariencia mucho más completa, más real.

Entonces, tal y como ya estamos acostumbrados en las entregas pasadas, de Portugal no solamente tendremos unos cuantos exponentes y unos cuantos libros en venta, sino mucho más: también estarán presentes su comida, su bebida, su música, su arquitectura, su cine, sus espectáculos en vivo, su forma particular de concebir el mundo.

Y es obvio que tendremos las cuotas nacionales: Piedad Bonnett, por ejemplo, quien el día de hoy hablará de su novela Lo que no tiene nombre, una cruda narrativa del dolor propio, una forma de aproximarse, a través de las palabras, a los sentimientos más profundos y terribles del ser humano. Estará el ensayista y escritor William Ospina, quien debatirá y atenderá las dudas que existen sobre la obra que, página a página, ha escrito.

Periodistas, poetas, prosistas, expertos, extranjeros, colombianos, en fin, la Feria estará muy nutrida y sería muy bueno poder aprovecharla. Es obvio que aún falta mucho por hacer. Lo hemos dicho en este espacio en las ediciones pasadas: el enfoque excesivo en el libro impreso, que no contempla los avances que el mundo digital ha traído (sobre todo por las destrezas aprendidas por las nuevas generaciones), sigue siendo un error. O, por lo menos, una ligereza.

Aparte de esto, que arranque la Feria. Y que la visiten. Y que la literatura sea el centro.

 

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