Editorial |7 Sep 2012 - 10:44 pm

Editorial

Notas de jazz

Ni el más optimista de los melómanos pudo haber imaginado que un festival de jazz en Colombia tuviera más de una edición continua. Las razones no están relacionadas con la ignorancia, ni mucho menos con la falta de gusto; más bien, con la orfandad del denominado género de las síncopas en el país.

Por: Elespectador.com
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El jazz no se desprende de las manifestaciones folclóricas tradicionales y por eso está excluido del legado ancestral. Tampoco es de convocatoria multitudinaria como el rock, el hijo más famoso del blues, y esa particularidad ha hecho que no se le mire desde la óptica del negocio. El estilo norteamericano, además, todavía está lejos de figurar dentro del selecto colectivo de los clásicos que llevan sonando más de dos siglos y continúan haciéndolo en formatos orquestales o a través de grupos de cámara.

En el jazz se mezclan varios saberes. Por un lado está la facilidad para darle volumen y transformar en arco iris una partitura en blanco y negro. Gracias a la habilidad de los intérpretes el papel se vuelve música, un arte vivo en el que no todo está escrito y en el que la guía la establecen las circunstancias del momento. Por otro, el virtuosismo de los artistas para despegarse del planteamiento inicial, sorprender al público con la gestación espontánea y alejarse de lo consignado. Sin embargo, también hay que tener el panorama claro para regresar y caer en la nota de forma oportuna y coordinada. El jazz, como una acertada creación literaria, tiene un comienzo, un desarrollo y un final, y cada etapa exige un compromiso distinto. En él no sólo importa lo que se está tocando, sino cómo se está haciendo para alejarse de la posibilidad de ser una estadística más dentro de los standard compuestos por Duke Ellington, Louis Armstrong o Miles Davis.

En Colombia, uno de los pioneros en asumir el riesgo del jazz como propuesta de show fue el Teatro Libre de Bogotá. Hace 24 años se realizó el primer evento y sobre las tablas de este escenario en Chapinero (a veces en alianza con otros espacios, como el Auditorio León de Greiff o el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo) han hecho arte músicos como Ron Carter, Kenny Garrett, Pharoah Sanders, Gonzalo Rubalcaba, Carla Bley y Steve Swallow, para mencionar sólo algunos. Este año el encuentro jazzístico en la capital es más reducido, pero lo que se evidencia en el ambiente es el fortalecimiento del circuito del jazz en Colombia. Ciudades como Barranquilla, Medellín, Cali, Popayán, Pasto, Cartagena y Mompox tienen sus propios festivales.

El pianista colombiano Ricardo Gallo, la cantante norteamericana René Marie, Los Virtuosos de Cuba y el dominicano Michel Camilo, quien además estará en Barranquilla, Cali y Medellín, integran la nómina del Festival de Jazz del Teatro Libre de Bogotá.

Lo mejor del circuito es que cada evento conserva su espíritu. Ajazzgo, en Cali, consolida las vertientes latinas; el Festival de Jazz y Músicas del Mundo, en Medellín, mezcla sin complejos sus ingredientes y resalta el world music; mientras que Barranquijazz (Barranquilla) es una fiesta en torno a la multiplicidad. En el jazz, como en todos los ámbitos de la vida, en la diferencia está la fortaleza, y en este circuito el concepto cada vez está más claro, por fortuna. Bienvenido septiembre, bienvenido el mes del jazz en Colombia.

Por: Elespectador.com
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calcoban

Sab, 09/08/2012 - 09:04
el de Medellin es de lujo definitivamente y es el mas universal de todos, ademas de largo. Me voy para Medellin.
Opinión por:

luispuyana

Sab, 09/08/2012 - 05:22
Así como esfumó de las emisoras el tango en Medellín, el jazz sólo ha cautivado a sectores muy reducidos de las clases populares y más en las clases medias en Colombia. Retrase mi ingreso al editorial pues fascinado apague el computado y me fui a escuchar ese ritmo fascinante tocado en sus diversos intrumentos musicales y a reflexionar la manera como quedé deliciosamente prisionero de ese ritmo en la breve estadía en Panamá cuando era un pueblito sin tanto bullicio de los carros, y fue en esa era en que gozaba de un trabajo con salario digno y sin estres. También recorde que en el auditorio ingresaban otros con la misma condición laboral y gente afrodescendiente de estrato 1 y 2. Hoy la audiencia es casí la misma en cantidad y de la misma condición laboral, no ha aumentado a ritmo del jass

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