¿Y el paro judicial?

La rama judicial de Colombia está en paro desde hace dos semanas y hasta la hora de escribir estas líneas no ha sido posible encontrar un acuerdo con el Gobierno para resolver de fondo la difícil situación de los salarios de jueces y funcionarios que trabajan en el sistema.

“No hay justicia para la justicia”, se oye decir a las decenas de miles de trabajadores que han cesado actividades y que tienen represadas muchísimas causas y audiencias —salvo algunas muy importantes, pero pocas— por cuenta de la protesta.

¿Injustificado que lo hagan? La tensión reside básicamente entre dos principios. La justicia, por un lado, que según la Constitución y la ley es un servicio público fundamental, destinado a prestarse por parte del Estado a todos los ciudadanos. Por el otro, la nivelación salarial, establecida en la Ley 4 de 1992, que los ampara desde hace 20 largos años y que, gobierno tras gobierno, ha sido dejada a un lado. No se trata, entonces, de una falla de la administración Santos, sino de una actitud sistemática por parte de los gobernantes desde hace mucho tiempo. A Santos, eso sí, le tocó el lío de resolverlo.

No es un problema, tampoco, de todos los jueces. Y por ello mismo, el malestar es mucho mayor. Porque también en la Rama Judicial la desigualdad característica de este país se siente de forma muy pronunciada. Los saltos salariales entre unos funcionarios y otros son profundos, incluso indignantes. Los magistrados de altas cortes, así como sus magistrados auxiliares, son quienes tienen los únicos sueldos dignos de su cargo. De ahí para abajo, pasando por jueces de circuito o municipales y llegando de esta forma a los escribientes, auxiliares judiciales o secretarios, la remuneración va decreciendo de forma absurda. Pensando además en los carruseles de magistrados o de pensiones que se han venido denunciando, el asunto da espacio a la indignación.

Así pasa también con el reajuste: en 2007 los sueldos de magistrados de altas cortes, de tribunales seccionales y abogados asesores de esas corporaciones fueron incrementados en un 36%, tal y como lo informó este diario el jueves pasado. Pero el resto, entre oficiales mayores, relatores o secretarios de tribunales, no tuvieron un rasero parecido. Y esto redunda en un mensaje tácito que es lamentable: que el trabajo de ellos vale menos, cuando sigue siendo el mismo concepto de justicia.

Una de las críticas repetidas a la Rama Judicial es que los jueces no están preparados y son ineficientes. Y bueno, eso puede que sea relativamente cierto dadas las condiciones de represamiento que conocemos todos. Pero si no les cumplimos con una ley de hace 20 años, ¿cómo esperamos que den el mejor rendimiento? Tienen razón, pues, en cesar actividades para que el Gobierno los escuche y les diga cuándo se puede solucionar este problema que costaría alrededor de un billón de pesos —aunque depende de quién dé la cifra—.

Asonal pide tres años para el reajuste. El Gobierno respondió en un principio que 20. Luego reconsideró y dijo que en 15 estaba listo el programa, por cuestiones de dinero: “una meta de tres años es imposible de cumplir si atendemos las normas de sostenibilidad fiscal”, indicó la ministra de Justicia, Ruth Stella Correa. Pero los funcionarios de la rama no pueden esperar que todo esto se haga en 15 años. Muchos no alcanzarían a gozar del ajuste que, recordémoslo, fue establecido en una ley de la República hace 20 años. Y no deja de ser paradójico que hoy no exista el dinero, cuando hace unos meses en la fallida reforma a la justicia se prometía un alto presupuesto para el buen funcionamiento de la justicia. ¿De dónde iban a sacar la plata, nos preguntamos, para cumplir con esa disposición constitucional que se proponía?

La tensión está establecida. Antes de cortar las negociaciones con imposiciones, resulta imperativo buscar fórmulas para conseguir cumplir la ley de manera progresiva, empezando desde los primeros niveles de la justicia hacia arriba. De no encontrar la solución razonable, los jueces seguirán parados y la justicia en veremos. En una democracia esto es impensable.