Un paso razonable

En el atribulado lunes con el que arrancamos esta semana, la guerrilla de las Farc hizo un anuncio que sólo puede calificarse como positivo.

Iván Márquez, a su llegada a la mesa de negociación con el Gobierno colombiano, leyó las siguientes palabras: “el secretariado de las Farc ordena a las unidades guerrilleras en toda la geografía nacional el cese de toda clase de operaciones militares ofensivas contra la fuerza pública y los actos de sabotaje contra la infraestructura pública o privada durante el periodo comprendido entre las 00.00 horas del día 20 de noviembre del 2012 hasta las 00.00 horas del día 20 de enero de 2013”.

Lo que se traduce en una promesa de detener los ataques durante el periodo de Navidad. Una tregua navideña, como han dado en llamarla. Estaría bien que la guerrilla cumpliera con esta proposición unilateral ya que en el pasado ha tenido a bien irrespetarla sistemáticamente. Son criminales, igual. Su lógica es distinta a la de un Estado legalmente constituido y en esos términos hay que juzgarlo.

Esta actitud de las Farc sale a relucir en medio de un proceso de paz que en ningún momento ha puesto como condición el cese al fuego de las partes. Es un rasgo positivo, porque, así no se haya pedido como requisito de las conversaciones, es lo que la sociedad siempre está esperando. El freno de la guerra intestina por un periodo breve –pero importante– de tiempo se traducirá en menos muertes de personas que muchas veces no están involucradas en ella. Pero no es sólo eso. De cumplirse, redundará en blindar al proceso de paz de un elemento más para la legitimidad del mismo. Mucha más gente estará dispuesta a aceptar las conversaciones si sabe que en el campo la guerrilla no anda matando gente. Justo ahora que se discutió la participación de la ciudadanía, este es un golpe de suerte para el Gobierno y su proceso de paz. Si se cumple, insistimos.

La suspicacia no nos abandona, por supuesto: las Farc usan un escenario internacional para lanzar esta política y el mundo se entera de esto, muy probablemente, viendo en ellas un símbolo de grandeza. Puede que ese sea su propósito. Pero cuando el escenario se ve en su escala más grande, el hecho de que no haya más muertos por cuenta de la guerra muestra un panorama prometedor. El gobierno de Juan Manuel Santos, igual, deberá continuar con su agenda.

Hizo caso de esto el ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, quien aseguró a viva voz que sus Fuerzas Armadas seguirán combatiendo a todos los grupos armados al margen de la ley. Aunque el tono de Pinzón fuera en extremo altisonante –hasta el borde de la exageración–, es correcto. El Gobierno no puede descuidar la agenda que una vez pactó. Un cese al fuego como contrapartida sería la menos astuta de las jugadas: recordemos que la idea de que la guerra siguiera se basaba en el nada despreciable argumento de que, con eso, las conversaciones no gastarían energía en verificar que las armas estuvieran silenciadas.

Si las Farc quieren hacer esto como un acto de buena voluntad, pues que lo hagan. Y, sobre todo, que lo cumplan. Y, mejor, si lo mantienen hasta el punto llamado “fin del conflicto”. Ya nos cansamos de la guerra. El resultado para el país siempre será positivo. Pero, por lo pronto, está bien que el Gobierno no piense, así sea medianamente, en cambiar la agenda que duró dos años en construir, ya que ésta es el instrumento principal para que los diálogos lleguen a feliz término. Si las Farc quieren hacerlo por protagonismo internacional, pues que lo hagan. Igual, no se pierde nada.