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Editorial 2 Ene 2013 - 11:00 pm

Abismo fiscal: una pelea aplazada

En los Estados Unidos se respira un aire de tranquilidad por cuenta de una serie de medidas que el Congreso aprobó esta semana y que ponen freno al tan temido abismo fiscal que los medios veníamos anunciando.

Por: Elespectador.com
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El aire, sin embargo, está viciado, puesto que se trata de una tensa calma que durará un par de meses mientras los contrincantes cobran fuerzas. Mientras enfilan baterías y preparan argumentos distintos. Mientras, en fin, someten a su país a esa contienda clásica entre republicanos y demócratas que tanto obstáculos le ha puesto a la carrera de Barack Obama como presidente de esa nación.

El desacuerdo principal, antes de que todo esto sucediera, era una cuestión de ideología frente al manejo de la economía. ¿Qué era mejor: subirles los impuestos a los más ricos o que el Gobierno recortara sus gastos? Mientras los demócratas, encabezados por el presidente Obama, apoyaban lo primero, los republicanos defendían lo segundo. Dos visiones del mundo, dos perspectivas distintas e irreconciliables. No llegar a un acuerdo conduciría al quiebre que todos (incluidos nosotros, los colombianos, por cuenta de una mala hora para los inversionistas extranjeros y la marcha del TLC) temíamos: el abismo fiscal. Dicho en cristiano, los ajustes obligatorios que pondrían en riesgo el 4% del Producto Interno Bruto de ese país, haciendo de la recesión el camino más lógico.

¿Qué quedó entonces como freno del precipicio? Lo que Obama debió proponer desde hace un tiempo más prudente: el alza de los impuestos a los ricos. ¿Y por qué quedó eso habiendo tanta polarización? Porque era preferible que los republicanos cedieran ante la propuesta, a que toda la nación enfrentara los recortes, el bajón en la economía y la recesión.

Los demócratas podrán sentir que han ganado una batalla —al parecer así lo sienten— debido a que se trata de una medida progresista, de su talante y filosofía, que poco se ha visto en la historia reciente de ese país. Sin embargo, los rounds restantes podrían estar del lado de los republicanos, que son una mayoría bastante considerable en la Cámara. El acuerdo fue una salida de emergencia, de último minuto, que cualquiera que tenga dos dedos de frente y que conozca la realidad política de Estados Unidos sabe que será cobrada. Sobre todo porque aún faltan otros abismos fiscales por resolver en menos de dos meses.

El balón, entonces, quedará del lado republicano, entorpeciendo las bienintencionadas ideas que Barack Obama proponga en el futuro. Por ejemplo, y por qué no, esos temas gruesos por los que fue reelegido terminado el año pasado. ¿Qué nos dice todo esto? Lo primero y más obvio es que la gobernabilidad de ese país no es tan buena como uno esperaría. No se trata de argumentaciones razonables que algunos senadores esgrimen en procura del bienestar general, sino de un juego político que pretende demostrar quién tiene más poder. Quién lleva el barco por la dirección que se le antoje. Un pulso en el que está en juego, para este caso, ni más ni menos que la economía más poderosa del planeta. El toma y dame no luce muy útil para el crecimiento.

Y mientras toda esta discusión se da en el recinto del Congreso, se sabe de sobra que el acuerdo logrado tan sólo amortiguará los efectos del abismo fiscal por unos meses. Los recortes no son suficientes para extinguir sus efectos. Los mismos titulares volverán en cuestión de nada. La pregunta que reside en el fondo es: ¿qué hacer frente a esta antipática forma de gobernar?

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