Festejo (poco) democrático

Una fiesta de un día entero, de las 9 de la mañana a las 12 de la noche. Así fue como Enilce López, conocida con el alias de La Gata, celebró el Día de la Madre: comida, bebida, música, baile. Y más: regalos para la gente, dádivas de generosidad de doble intención.

Muestras de su fortuna. Cuentan los chanceros (el negocio con el que floreció a sangre y fuego La Gata) que a algunos de ellos les dieron $50.000 por cabeza o anchetas o electrodomésticos rifados. 3.000 personas en el coliseo Bernardo Caraballo, según las cuentas no oficiales.

La escena, lamentablemente, no es extraña. Y menos en tiempos electorales; en cualquier región del país, pero particularmente allí en Cartagena, que el próximo 14 de julio elegirá en jornada atípica a su alcalde. Lo que sí extraña es el hecho nada despreciable de que la candidata María del Socorro Bustamante, de Cambio Radical, haya participado en esta fiesta de un personaje condenado por la justicia (con un permiso para estar fuera de la cárcel, eso sí, a pesar de que se supone sufre una penosa enfermedad).

“Pero no coincidieron”, dicen con suficiencia sus colaboradores. Qué alivio, pues. Como si no fuera lo suficientemente grave que una candidata a la Alcaldía de una de las principales ciudades del país asistiera a un evento programado por un personaje de tan oscura reputación. Un evento, además, en el que se repartía el pan, por cuenta de unos, y el circo, por cuenta de otros. La democracia que tenemos, como acusábamos en este espacio el día de ayer.

Tan poco grave fue el hecho para nuestra dirigencia, que el presidente de Cambio Radical, el senador Antonio Guerra, renunció cuando la mayoría de los miembros de su colectividad no fue capaz de decidir algo tan lógico y elemental a nuestros ojos como quitarle el aval a Bustamante para presentarse como candidata. No es para menos lo de Guerra, ese era el gesto mínimo que esperábamos de este partido frente al escándalo.

¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Qué es lo que pasa en Cartagena? La enfermedad de Campo Elías Terán —el alcalde que padecía cáncer de pulmón y murió en Bogotá hace poco— dejó muy mal parado a este municipio, que durante ocho meses no tuvo un gobierno en firme y que vio cómo el deterioro, la corrupción y el abandono lo acecharon. Dijimos hace un mes en este espacio que los ciudadanos debían elegir bien. Y esta parece ser la única solución: no sólo por lo vivido hasta ahora, sino por los proyectos pendientes (algunos de $300 mil millones, como el plan maestro de drenajes pluviales). El hecho sucedido el Día de la Madre tiñe estas elecciones. Desvela algo que los ciudadanos debieran ver claramente. Que les permitiera comprender que esas propinas de hoy no les solucionan nada y sí los condena a vivir por siempre en una ciudad que favorece a los corruptos y, así, no tiene cómo generar las oportunidades que requieren sus ciudadanos para tener un futuro diferente.

Llegó la hora, entonces, de que los cartageneros sepan, antes de llegar a las urnas, por quién están votando. Más allá de pedir que la justicia o la institucionalidad partidaria actúen en consecuencia, la meta de corto plazo debe ser que los ciudadanos salgan a ejercer su derecho de una forma consciente, sin dádivas ni regalos que cuenten. Porque ya no queda mucho tiempo para actuar de otra forma. Y Cartagena se lo merece. ¿Podrá salir de la crisis y la miseria a la que la han conminado? ¿Abrirá los ojos para convencerse del camino correcto y del errado? ¿Estaremos soñando nosotros con todo esto? Puede ser, ojalá que no.