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Bienvenidas las plumas del Pen

ES UN HONOR PARA COLOMBIA Y EN especial para la capital del país que se celebre en Bogotá, a partir de hoy, el 74° Congreso Internacional del Pen Club.

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El Espectador
16 de septiembre de 2008 - 08:26 p. m.
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El Pen Club es sin duda la más importante asociación mundial de escritores y probablemente la primera ONG en la historia del mundo que se dedicó por entero a la defensa de los derechos humanos y, más concretamente, a la defensa de la libertad de expresión. Cuando fue fundada (en Inglaterra, en 1921) el nombre Pen era un acrónimo que estaba por “Poets, Essayists and Novelists” (Poetas, ensayistas y novelistas), con el añadido de una evocación especial, ya que pen significa “pluma” en inglés. Pero esta especie de sindicato internacional de escritores pronto se abrió a otros profesionales de las letras: traductores, historiadores, editores y periodistas. Hoy en día es la asociación de escritores con mayor prestigio a nivel mundial, por su trabajo desinteresado y constante a favor de la literatura y la libre manifestación del pensamiento.

La organización de este importante congreso en Colombia se debe a la labor desvelada y continua de una gran activista cultural colombiana que ha pertenecido a la mesa directiva internacional del Pen en los últimos años, la destacada poeta vallecaucana Cecilia Balcázar de Bucher.

Después de presidir durante años el capítulo colombiano del Pen, la señora Balcázar se despide de su labor a nivel local mediante la organización de esta gran asamblea internacional. No fue fácil lograrlo, pues algunos países dudaban de que Colombia mereciera organizar este evento, básicamente por las amenazas que todavía pesan sobre algunos periodistas colombianos.

Sin duda en nuestro país sigue habiendo problemas para el libre ejercicio de nuestra profesión. No hay semana en la que, entre rumores más o menos fundados, no corran voces de que hay personas interesadas en interferir con la violencia en el libre ejercicio de la labor periodística. Pero la presencia aquí del Congreso del Pen Club es algo que nos anima a mantener muy en alto las banderas de la defensa de estas libertades fundamentales: la de informar, la de pensar, y la de publicar libremente lo que averiguamos y pensamos.

No es esquivando a nuestro país como mejor se defienden estos valores fundamentales, sino viniendo aquí a reivindicar abiertamente estos derechos. Si los muchos ojos llenos de prestigio de los miembros del Pen están puestos sobre Colombia, quienes ejercemos este noble oficio nos sentimos un poco más cuidados y protegidos.

Entre los miembros fundadores del Pen hubo escritores de la talla de Joseph Conrad, George Bernard Shaw, Heinrich Böll y H.G. Wells. Durante la guerra fría el Pen defendió con valor el derecho a la expresión de muchos escritores perseguidos y encarcelados como disidentes en los países de la órbita soviética. Después de la caída del muro de Berlín, el Pen Club ha defendido con ahínco a escritores de muchas otras latitudes, en especial de África, Turquía y algunos países islámicos. También el Pen ha manifestado su preocupación y solidaridad con algunos periodistas colombianos amenazados por la guerrilla o por los grupos paramilitares. Hoy en día, entre sus miembros, hay escritores de la talla de Günther Grass, Mario Vargas Llosa o J.M. Coetzee.

Desde los siglos de la Colonia española en nuestro territorio se han cultivado las letras con bastante decoro. Desde don Juan de Castellanos, pasando por Jorge Isaacs y José Asunción Silva, hasta Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, se ha formado en Colombia una importante tradición literaria. Si bien en las ciencias o en la tecnología nuestro país revela un atraso manifiesto, en la literatura, quizá gracias a esta tradición secular, ha habido y sigue habiendo un respeto especial y un ejercicio digno de esta actividad artística. El Espectador celebra que este congreso se realice en Colombia y espera que los escritores asistentes, de diversas partes del mundo, se lleven una idea más completa de un país mucho más complejo que los lugares comunes que circulan internacionalmente sobre él.

 

Por El Espectador

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