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Bogotá, más allá del metro

LA DISCUSIÓN DE UN PLAN DE Desarrollo es una oportunidad de oro para encarar, cada cuatro años, los desafíos más importantes de un ente territorial. “Bogotá Positiva: para Vivir Mejor”, el plan que el alcalde Samuel Moreno ha presentado al Concejo, identifica algunos de esos desafíos y los aborda adecuadamente. Sin embargo, la capital puede ir más allá de lo previsto en ese proyecto.

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El Espectador
14 de mayo de 2008 - 08:30 p. m.
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En trazos gruesos, “Bogotá Positiva” es una versión repotenciada de “Bogotá Sin Indiferencia”, más metro. Así, por ejemplo, Moreno se propone aumentar los beneficiarios de los programas alimentarios de 700.000 a 900.000, y el de los nuevos asegurados en salud bajo el régimen subsidiado, de 300.000 a 900.000. Si Garzón llevó la cobertura de la educación primaria y secundaria a una cifra cercana al 100%, Moreno quiere mejorar su calidad invirtiendo un cuarto de billón de pesos y ha multiplicado por siete las propuestas de Lucho sobre la creación de cupos universitarios. En vivienda social, uno de los lunares de la administración anterior, las metas pasan de 40.000 a 100.000.

Como candidato, Samuel Moreno tuvo el acierto de ver que Bogotá sólo se desbloqueará dándole una gran capacidad de movilización de pasajeros a un corredor vial oriental y que eso sólo se logrará con un metro —cuya financiación sigue sin ser enteramente clara—. La bandera quedó, por supuesto, colocada en el Plan.

Estos objetivos sociales y de movilidad merecen ser apoyados. Pero cabe formular, con ánimo constructivo, otras apuestas y algunas glosas críticas.

Bogotá está en condiciones de separarse del pelotón de los demás entes territoriales y convertirse en un puntero ejemplar en la carrera de lo social. En salud, lo crucial sería ejercer una rectoría efectiva frente a las entidades aseguradoras y prestadoras de la Ley 100, para romper las barreras de acceso, que afectan especialmente a los pobres, y mejorar a fondo la calidad de los servicios. En educación también deberían buscarse objetivos más altos. Proponerse, por ejemplo, dar educación superior a la mitad de los jóvenes que terminan bachillerato (80.000 al año) y que no pueden acceder a ella (50.000 al año). La meta del Plan es apenas de 7.500 nuevos cupos anuales.

Bogotá, además, se ha desbordado sobre la Sabana, extendiendo en exceso sus vías y redes domiciliarias y gravando a los pobres con los costos y las incomodidades de vivir en extramuros. La ciudad debe adoptar un modelo espacial más compacto y jugársela a fondo por la densificación. El Plan da puntadas en esa dirección (declara de desarrollo prioritario los lotes de engorde), pero no se propone elevar la altura promedio de las edificaciones y extiende sin necesidad el perímetro urbano hacia el borde norte. Según parece, lo que es más inquietante aún, el Alcalde apoyará los macroproyectos de vivienda del Gobierno Nacional en el occidente de la Sabana.

De acuerdo con el Banco Mundial, los costos por kilómetro de los metros de América Latina han sido entre dos y tres veces más altos que los de Madrid, España, a causa de las diferencias en la gestión de los proyectos. Esto incluiría errores en los estudios técnicos y en el diseño financiero, falencias administrativas severas y corrupción.

Bogotá tiene, pues, el reto de blindar su metro frente a esos riesgos. Y debería convertir la adecuada estructuración de la gerencia del proyecto en un programa del Plan de Desarrollo (sacándola de las manos de la Secretaría de Movilidad).

El discurso de los derechos que “Bogotá Positiva” acoge es bienvenido. Sin embargo, la tarea de aterrizarlo no es fácil. Se juega en múltiples terrenos, como los que se han expuesto aquí, y en otros que habría que aclarar: tarifas equitativas de transporte y servicios públicos, democratización de las oportunidades de negocios que genera la ciudad (transporte, residuos sólidos...), lucha contra el deterioro ambiental, que afecta más a los pobres... El Alcalde ha hecho lo suyo al presentar su apuesta estratégica a la consideración del Concejo. Está ahora en manos de los miembros del Cabildo perfeccionarla y convertirla en la carta de navegación que la capital se merece.

El tiempo apremia. Si la propuesta no es aprobada o negada por el Concejo durante el mes de mayo —ayer apenas se inició la discusión con una presentación por parte de la administración distrital—, el Alcalde puede expedir el plan por decreto. Un escenario que habría que evitar.

Por El Espectador

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