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A partir de ese momento, Fidel y sus barbudos comenzaron a ser vistos a nivel internacional como símbolos de la lucha por la libertad y la democracia. Fidel y su dirigencia adhirieron luego a las tesis socialistas, con lo que se inició un período de surgimiento mimético, en prácticamente todos los países de América, de movimientos guerrilleros que pretendían repetir la experiencia cubana. En medio de la guerra fría, se inició la confrontación con Estados Unidos, país que lideró una estrategia de contención continental a nuevas revoluciones con la Alianza para el Progreso, que combinaba seguridad y desarrollo como respuesta a Cuba. En plena guerra fría también se inició el “bloqueo”, que se mantiene por parte de E.U. como un anacronismo hasta nuestros días.
Terminada la guerra fría y luego de que Cuba vive el llamado período especial que obligó a Fidel y su equipo a encontrar pragmáticamente alternativas económicas para sobrevivir al hundimiento del comunismo, progresivamente Fidel y Cuba comienzan a entender que las revoluciones armadas no tienen vigencia en el mundo actual. Con una especie de paradoja para Fidel: de las guerrillas que surgieron influidas por la revolución cubana, solamente triunfó el FSLN en Nicaragua en 1978; las demás fueron derrotadas política o militarmente o se autodisolvieron.
No hay duda de que Fidel, en su controversial vida política, es y será para la historia uno de los grandes protagonistas del siglo XX. Pero de los sueños que generó en sus comienzos su lucha contra el autoritarismo y su énfasis en las reivindicaciones sociales, una economía más justa y la felicidad de su pueblo, es poco lo que quedó. Cuba puede mostrar aún hoy logros extraordinarios en índices como la mortalidad infantil, la expectativa de vida al nacer, la universalización de la educación, la expansión de la educación superior y conquistas en tecnología de la salud, pero estos éxitos de la revolución no compensan la crueldad del régimen opresivo y castrador del progreso individual que han padecido los cubanos todos estos años.
Además, vale preguntarse qué hizo Fidel por el desarrollo de las fuerzas productivas de su país. Cuba no es hoy mucho más rica que en 1959 y en estos años atrofió su tradicional industria de exportación, el azúcar, que hoy ni siquiera alcanza a refinar; sus exportaciones se reducen ahora a servicios (alfabetizadores, deportólogos y médicos), sobre todo a Venezuela; turismo y prostitución.
El retiro de Fidel inicia un período de transición imparable en Cuba hacia la modernidad. Una transición que está llena de incógnitas pero que pasa ineludiblemente por el retorno de las libertades ciudadanas, el fin del autoritarismo y la tiranía, las mismas metas que él se fijó en 1959 y que se evaporaron con el tiempo.