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El segundo capítulo de la crisis

EL PASADO VIERNES, LA CÁMARA DE Representantes de los Estados Unidos aprobó finalmente el controvertido plan de rescate que busca destinar hasta 700 mil millones de dólares para la compra de activos financieros de dudoso valor y evitar de esa manera una crisis económica global. El presidente Bush sancionó inmediatamente la ley.

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El Espectador
04 de octubre de 2008 - 12:55 a. m.
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“Le hemos mostrado al mundo —dijo— que los Estados Unidos estabilizarán sus mercados financieros y mantendrán su liderazgo en la economía mundial”. Con la aprobación y la sanción del plan de rescate concluye el primer capítulo de la crisis, que tuvo su episodio más dramático el lunes 29 de septiembre, cuando los mercados accionarios se derrumbaron después de que la Cámara, en un acto de rebeldía política, se negara a aprobar el plan.

Concluido el primer capítulo, comienza el segundo, el de la verdad que mostrará los efectos de la crisis sobre la economía real. Hasta hace pocos días, los efectos de la crisis no habían afectado sustancialmente el empleo y el crecimiento económico. Muchos economistas, entre sorprendidos y esperanzados, trataban de explicar la aparente desconexión entre Wall Street y el resto de la economía de los Estados Unidos. Pero los efectos reales ya comienzan a sentirse. En septiembre se perdieron 159.000 empleos, el peor resultado en cinco años. Y la situación puede ser aún peor, pues esta cifra está basada en encuestas realizadas antes del derrumbe accionario del pasado lunes. El congelamiento del mercado de crédito ha golpeado la economía duramente: lo que antes era un problema de Wall Street, ya es también un problema de muchas comunidades a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

La magnitud de los efectos reales es incierta. Pero muchos estiman que la economía de los Estados Unidos podría entrar en una recesión prolongada y profunda, lo que ocasionaría, a su vez, una desaceleración global y una disminución en los precios de las materias primas, incluido el del petróleo. Si ello ocurre, Colombia vería disminuido notablemente el valor de sus ventas externas, pues sus dos principales socios comerciales enfrentarían una notable desaceleración y los precios de muchos de sus productos de exportación, una importante caída. Desde la perspectiva de la economía colombiana, el segundo capítulo de la crisis puede ser mucho más grave que el primero. El primero fue más espectacular. Pero el segundo será sin duda más perjudicial.

Como consecuencia de la crisis, la economía colombiana probablemente crecerá el año entrante a una tasa inferior a tres por ciento. El desempleo aumentará. Los recaudos tributarios caerán o crecerán lentamente. La situación no es desesperada: el sistema financiero colombiano, para dar un solo ejemplo, está en una posición bastante sólida. Pero sí es preocupante. En particular, el financiamiento del presupuesto público luce en la actualidad muy complicado. Con menores recaudos, un menor precio del petróleo y un mayor precio del dólar, el déficit será mucho mayor que el contemplado en el proyecto de presupuesto. En suma, el presupuesto del Gobierno está hoy claramente desfinanciado. Es un presupuesto para otros tiempos, concebido antes de la crisis.

Así las cosas, conviene celebrar que el Ministro de Hacienda, quien hasta hace unas días parecía desconocer la gravedad de la crisis, anunciase un recorte presupuestal. La crisis así lo amerita. El recorte no puede ser simbólico, ya no se trata de darles gusto a los analistas extranjeros o a las agencias calificadoras de riesgo, sino de garantizar que el Gobierno cuente con ingresos suficientes para cubrir sus gastos. En el primer capítulo de la crisis, el Gobierno pudo asumir la posición de espectador pasivo. En el segundo, tiene necesariamente que reaccionar.

El segundo capítulo de la crisis no traerá buenas noticias para la economía colombiana. Toca esperar, al menos, que el Gobierno haga lo que toca. O mejor, que haga ahora por necesidad lo que no hizo antes por convicción.

Por El Espectador

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