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Un mundial de fútbol para Colombia

EL DÚO QUE CONFORMARON EL GOBIerno —en cabeza del vicepresidente Francisco Santos— y la Federación Colombiana de Fútbol —con su presidente Luis Bedoya al frente— se anotó un verdadero golazo el pasado 28 de mayo, cuando el Comité Ejecutivo de la FIFA le otorgó a Colombia la organización del Mundial de Fútbol del año 2011 en la categoría Sub 20.

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El Espectador
30 de mayo de 2008 - 10:49 p. m.
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Esta designación no se dio por obra del azar, sino que fue producto de una planificación y una estrategia que envidiaría cualquier equipo de fútbol del mundo. Y que contrasta con el despropósito y la insolencia de hace unos meses. En efecto, después de la molestia que generó en las federaciones de Suramérica el improvisado intento del Gobierno de disputarle a Brasil la realización del Mundial de Fútbol 2014 de la categoría de mayores —candidatura que ya era un hecho consumado en la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol)—, hábilmente Bedoya detectó el evento que podía realizar el país, con posibilidades reales para competir por su asignación.

De manera callada comenzó a maquinar y acudió al presidente de la Confederación Suramericana, el paraguayo Nicolás Leoz, quien a raíz de la exitosa organización de la Copa América en 2001 y del Suramericano Sub 20 en 2005, ya había hecho público su interés de que Colombia presentara su candidatura para la realización de un mundial juvenil. Una vez contó con la complacencia de Leoz, Bedoya se lo dejó saber al vicepresidente Santos y, esta vez sí juntos, se pusieron en la tarea de estructurar la candidatura con el apoyo del Gobierno.

Conocidos los requisitos de la FIFA, la estrategia abarcó dos frentes. En uno, Planeación Nacional, el Ministerio de Hacienda y Coldeportes comenzaron a realizar las proyecciones para establecer el valor de la inversión y conseguir los recursos, todo ello con base en la definición de las ciudades que serían escogidas como sedes para la realización de los partidos. El otro frente fue el diplomático, pues con tacto y sigilo Bedoya hizo el trabajo de cabildeo con la FIFA y los presidentes de las federaciones de la Conmebol, con excepción de Venezuela, país que ya había hecho explícita su candidatura.

Los otros países postulantes eran Portugal, Mozambique y República Checa, pero a la hora de formalizar las propuestas ante la FIFA, solamente dos países mantuvieron su aspiración para realizarlo: Colombia y Venezuela, y por obvias razones el Gobierno metió el acelerador a fondo para no permitir que nuestro vecino nos ganara la contienda. Santos y la Cancillería impartieron las instrucciones pertinentes a las embajadas de Colombia en Europa, porque ya Bedoya había asegurado el voto de ocho de los países de la Conmebol y, teniendo en cuenta que el único rival en el camino era Venezuela, mantener ese bloque era vital porque el Comité Ejecutivo de la FIFA, en el momento de someterlo a votación, respetaría la opinión mayoritaria de los países miembros de la confederación de la cual hacían parte los dos finalistas.

El trabajo concertado obtuvo sus frutos y el 28 de mayo de 2008 desde Sydney, donde se llevó a cabo el Congreso de la FIFA, el presidente Joseph Blatter le anunció al mundo que Colombia había sido la escogida. La decisión causó júbilo en todo el país y Colombia tendrá la responsabilidad de realizar el evento deportivo más importante de toda su historia, lo cual exige que el Gobierno designe desde ya a los responsables para cumplir con semejante reto.

Las ciudades que serán sedes del evento son Bogotá, Barranquilla, Medellín, Manizales, Armenia, Pereira, Cartagena y Cali, las cuales recibirán visitas de la FIFA para verificar el estado de los escenarios y los requerimientos que deben cumplir, adecuaciones que tendrán que ser asumidas con recursos provenientes del Gobierno Nacional, los municipios y los departamentos.

En principio se ha estimado que la inversión que se deberá realizar es del orden de doscientos mil millones de pesos, sin contar la infraestructura hotelera que deberá ser construida en estas ciudades, con excepción de Cartagena, que cuenta con capacidad suficiente.

Pero esta no fue la única conquista que obtuvo Colombia. Bedoya además hizo respetar el compromiso de los países de la Conmebol para realizar los partidos de la eliminatoria a Sudáfrica 2010 sin que operen las exigencias que estableció la FIFA a principios de este año, que restringían las contiendas en ciudades con más de 2.750 metros de altura. Por lo tanto se tendrán que jugar los partidos en La Paz, como ya lo hizo Colombia.

Ojalá esta alianza entre fútbol y Gobierno, que hoy muestra éxitos, no se limite a la realización del Mundial Sub 20. Las reformas legales y reglamentarias para ajustar la operación y la actividad de los clubes de fútbol colombianos como verdaderas empresas deportivas, son urgentes. El próximo mes de agosto se cumplirán 60 años de la existencia del fútbol profesional en Colombia y qué bueno sería poder celebrarlo con un fútbol renovado y limpio.

Por El Espectador

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