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Los precios congelados de la gasolina

ANTES DE CONCLUIR EL AÑO, EL gobierno sorprendió con una controvertida noticia. Sin mayores argumentos, el ministro de Minas y Energía, Hernán Martínez, anunció que durante el primer trimestre de 2009 los precios de la gasolina y del acpm, no obstante su desplome en el resto del mundo, permanecerán congelados.

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El Espectador
04 de enero de 2009 - 10:00 p. m.
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La medida obedecería a la fuerte volatilidad de los precios en el exterior. Tan pronto cese la recesión económica en que han entrado algunas de las economías más poderosas, explicó Martínez, el precio del petróleo se estabilizará alrededor de los 60 ó 70 dólares el barril. El dinero extra que pagaremos los colombianos durante 2009, del orden de los 1.600 pesos por galón, hará parte de un fondo de estabilización con el que el Gobierno nos protegerá del momento en que la demanda reactive los precios del petróleo.

Ante tan inusitado aviso, la usual polarización en que hemos vivido en los últimos años se convirtió en consenso. La bandera de la oposición fue agitada hasta por quienes se creía eran de la entera entraña uribista. Columnistas, reputados economistas y autoridades en el tema, como el senador Hugo Serrano, rechazaron de tajo lo que no pasa de ser una errónea estrategia económica. Dadas las dificultades económicas que vivirá el país, antes que limitar el gasto es preciso incentivarlo. Lo probó Keynes hace ya mucho tiempo y nos lo repiten a diario los expertos desde que inició la crisis financiera de los Estados Unidos.

Peor aún, hay quienes consideran que de lo que se trata es de imponer, a la fuerza, una nueva reforma tributaria. Pese a que el Ministro afirmó que “ese dinero es de propiedad de los consumidores”, todo apunta a que el Gobierno, después de anunciar que ante la crisis aplazará gastos por 3 billones de pesos, encontró la fórmula perfecta para incrementar su presupuesto de 2009. Sin discusión alguna en el Congreso, que es el que tiene en una democracia la facultad de aprobar —o desaprobar— los impuestos.

Por lo demás, el subsidio del que goza el acpm sigue siendo excesivo. El sector del transporte consume el 80 por ciento del combustible y nada impide que sus prácticas lleven al despilfarro: los camioneros y buses se niegan a chatarrizar o a ajustar sus motores al consumo mínimo y los particulares se convierten al acpm en pick-ups, 4x4 y algunos carros europeos. Es más, si anteriormente el Estado afectaba los pulmones de los ciudadanos con la venta de un acpm barato y de baja calidad, la mejora en la mezcla condujo al aumento del monto del subsidio. Y qué decir de la exención de impuestos de que goza el etanol, no obstante que tiene una demanda cautiva y altas ganancias garantizadas. No se justifica que el Gobierno entregue tan cuantiosa renta a los particulares.

Más allá de los eufemismos, las predilecciones y entelequias, y el cambio abrupto de las reglas de juego con que el Gobierno ha manejado el tema de los combustibles, no parece que su política de precios y subsidios sea la que corresponde a una crisis económica como la que se avecina en 2009.

 

Por El Espectador

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