Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Como sucedió durante buena parte del siglo pasado en los regímenes comunistas, donde las “purgas” se manejaban dentro de las altas cúpulas del poder con bajas pasiones y ante el más estricto silencio, las informaciones que se filtran desde La Habana dejan demasiado campo a la especulación. La escueta noticia que reseñó el pase a retiro del canciller Felipe Pérez Roque, así como la de Carlos Lage, quien se desempeñaba hasta hace pocos días como Jefe de Gabinete, han caído como un baldado de agua fría. A su vez ingresan algunas figuras de la vieja guardia al gabinete ministerial, lo que podría verse como un retroceso.
Se trataba de dos personas provenientes de los cuadros más destacados dentro de las juventudes del Partido Comunista y el propio Pérez Roque alcanzó a ser considerado como posible “delfín” de Fidel. Los dos formaron parte del grupo más cercano a Raúl, luego del retiro del Comandante por problemas de salud. Conocidos por sus posiciones aperturistas, asumieron el papel de voceros externos del proceso de cambios que se viene adelantando. Sin embargo las expresiones utilizadas por Fidel, en su artículo de Granma, fueron contundentes al decir que “la miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno”, y que llenaron de ilusiones al “enemigo externo”. La suerte estaba echada.
La lectura que se ha hecho por parte de los cubanólogos es que ni Fidel ni Raúl van a ceder la interlocución final en este delicado proceso de filigrana. Dentro de dicho panorama las razones definitivas permanecerán en la sombra y lo único que queda claro es que los dos otrora “hombres de Fidel” hicieron pública su “autocrítica” en una escueta nota publicada en la prensa cubana y dieron un paso al lado. Nada más.
Lo interesante del tema es que esta decisión radical se da en momentos significativos, en el plano internacional, para La Habana. La nueva administración Obama ha hecho guiños, por lo demás significativos, en materia de revisar a fondo la torpe política con respecto a la isla. Al respecto se menciona que la Cumbre de las Américas, que tendrá lugar en Trinidad en pocas semanas, va a ser el escenario en el cual Estados Unidos expondrá las bases de la nueva relación con Cuba. De otro lado, pero en la misma línea, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, solicitó la revocatoria de la resolución que en 1962 marginó al gobierno cubano del organismo hemisférico. Asimismo, el presidente de Brasil, Lula da Silva, está desplegando un muy activo liderazgo que lo erige como el interlocutor regional preferido ante Washington, teniendo como un aspecto principal de la agenda el acercamiento entre la isla y su “enemigo externo”.
¿Qué se puede esperar en este ambiente de luces y sombras derivadas de los cambios políticos y económicos que al parecer llevarían a Cuba a un régimen similar al chino, de autoritarismo en lo político y aperturismo en lo económico? Es temprano aún para decirlo, pero lo cierto es que la falta de transparencia hace que las sombras existentes no permitan hacer una lectura más ajustada sobre el futuro mediato. Los tiempos están cambiando de manera acelerada y el tren de la historia jalona al único régimen no democrático que queda en el Hemisferio para que abandone sus antiguos y fracasados postulados comunistas y se incorpore de lleno a las nuevas realidades hemisféricas, antes de que sea la misma historia la que, al juzgarlos, termine por no absolverlos.