Sobre la Cumbre de Río

TERMINÓ LA CUMBRE DE RÍO, TAMbién bautizada como Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, celebrada en Cancún. Aparte de algunos bochornosos episodios que han debido evitarse, el balance es positivo para Colombia.

Con Ecuador hubo avances significativos. Después del bombardeo en Angostura del campamento de las Farc en el que murieron 25 personas, incluido el guerrillero Raúl Reyes, el Gobierno del vecino país rompió relaciones con Colombia. En aras de la superación del impasse, que no es tarea fácil, los presidentes Rafael Correa y Álvaro Uribe tuvieron el primer encuentro bilateral realizado desde el incidente. Aunque persisten demandas en cuanto a la entrega de determinada información contenida en los computadores que le fueron incautados al grupo subversivo, hay buenas posibilidades de normalizar las relaciones diplomáticas. Es posible que la confianza tarde un tiempo en retornar e incluso debe aceptarse que el acercamiento iniciado hace unos meses no pondrá fin a las diferencias entre los dos gobiernos. Pero se pasó a otra instancia, una más privada e institucional que supone que esos desacuerdos, en apariencia irreconciliables, no serán tratados ante los micrófonos.

Algo que lastimosamente no parece que pueda ocurrir con Venezuela. Lo que se ha filtrado del encontrón —uno más— que tuvieron los presidentes Hugo Chávez y Álvaro Uribe durante el almuerzo de presidentes de la Cumbre, no tiene presentación. No hay razón alguna, diferente del ya bastante repudiado interés en enardecer audiencias nacionalistas, que justifique el intercambio de palabras salidas de tono en quienes ostentan tan altas responsabilidades. Y menos aún en un foro para la integración. De nada sirve, por lo demás, que en la mañana el presidente Uribe exija públicamente prudencia frente a Venezuela de parte de su Ministro de la Defensa y ya en la tarde, a puerta cerrada, se salga de sus cabales con tanta facilidad.

Afortunadamente para el comercio entre las dos naciones, principal afectado por el deterioro de las relaciones, la tensa reunión dio lugar a la creación de un grupo de trabajo en el Grupo de Río cuyo objetivo es el de definir qué caminos pueden utilizarse para abordar temas vedados. Un grupo de países amigos habilitado para interceder y un logro, entonces, en el que habrá que cifrar las esperanzas, vista la magnitud de las enemistades.

Ya en el plano de la región como un todo, la Cumbre terminó con la decisión, para muchos histórica, de constituir una Comunidad de Estados. Se prevé la creación de un nuevo organismo que trabajará en pos de la integración y que tiene como particularidad la exclusión de Estados Unidos y Canadá. Un organismo, pues, diferente de la Organización de Estados Americanos que nace con la vocación de absorber otros tantos organismos regionales y que tiene entre sus funciones la articulación de eso que algunos han denominado “la nueva realidad institucional regional”.

De acá las voces de aliento ante esta aparente toma de conciencia de parte de los países de América Latina y el Caribe. Hay quienes sugieren una segunda independencia, un momento único de libertad frente a la injerencia de la potencia estadounidense. Resta por considerar, ante tanto bombo y platillo, si la cohesión que se vaticina puede lograrse sin la presencia de un poder hegemónico y si los países presentes en la Cumbre están todos de acuerdo frente a lo que suponen que impide, de parte de los Estados Unidos, una mayor integración. No está de más preguntarse, en síntesis, si este no es otro mensaje con tintes populistas, si no estamos ante otro arranque de nacionalismo que por poco replica caducos esquemas de interpretación del mundo propios de la guerra fría.