Editorial |13 Oct 2008 - 7:58 pm

Violencia sexual en Colombia

PESE A QUE EL TEMA NO RECIBE LA atención  que merece, la organización humanitaria internacional Médicos sin Fronteras (MSF) realizó una investigación sobre violencia sexual en los departamentos de Chocó, Sucre, Valle del Cauca, Caquetá y Bolívar, y reiteró cifras preocupantes. En su análisis, además, puntualizó problemas serios en la atención que reciben las víctimas de parte del Estado colombiano.

Un primer informe, hecho por Profamilia en 2005 a partir de datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), alertaba frente a las escandalosas cifras de violencia sexual en Colombia. Más de 722 mil niñas y mujeres, entre los 13 y los 49 años, habrían sido violadas una o más veces a lo largo de su vida, y la mitad de las plagiadas lo habrían sido antes de cumplir los 15 años.

Según la encuesta, el 17,5 por ciento de mujeres en edad fértil habrían sido violadas. Ahora sabemos que la situación no sólo sigue siendo crítica, sino que ha empeorado. De las 490 personas encuestadas por Médicos sin Fronteras, el 35 por ciento de los usuarios de clínicas móviles y el 22 por ciento de las personas que acudieron a puestos fijos dijeron haber sufrido en algún momento de su vida un episodio de violencia sexual.

Además de las cifras, que cada cierto tiempo impactan a la opinión pública pero no conducen a una mejoría, el estudio reveló que la víctima de violencia sexual no acude a los centros de salud cercanos o no recibe de parte de éstos el tratamiento adecuado. Por no acudir al centro especializado más cercano antes de que transcurran 72 horas de haber ocurrido el hecho, se pierde la posibilidad de prevenir infecciones de transmisión sexual —incluido el sida— y embarazos no deseados.

Si la víctima busca atención médica, y para ello vence motivos disuasorios como lo son la vergüenza, el temor por su seguridad, las dudas sobre la fiabilidad de los servicios y la posibilidad de una revictimización, se enfrenta a la falta de preparación y recursos técnicos de los prestadores del servicio. Una trabajadora de salud de un hospital entrevistada por la ONG aceptó que no manejaban ni antirretrovirales ni un portafolio o protocolo de atención a víctimas de violencia sexual, así como no contaban con un psicólogo como terapeuta o con orientaciones específicas sobre las particularidades de la agresión. En ese sentido, el 25 por ciento de los funcionarios de instituciones de salud que fueron entrevistados aceptó no tener información suficiente para tratar a sus pacientes.

Por si ello fuera poco, el entreverado sistema jurídico no permite claridad frente a la responsabilidad que les compete a las autoridades encargadas del tema. Las leyes que regulan la materia existen, pero no son aplicadas ni conocidas, y en ocasiones se contradicen, como ocurre con la Ley 100 de 1993, en la que se desconocen derechos otorgados por otras reglamentaciones.

Como siempre se ha aceptado, la situación en materia de violencia sexual es altamente preocupante. Pero mientras se le hace frente al flagelo, que en general tiene muchas aristas, el Estado está en la obligación de avanzar en la calidad del servicio médico que presta. Muchas mujeres son violadas más de una vez y cuando se deciden a hablar, aun si ya es muy tarde, no reciben ni el tratamiento terapéutico que requieren. Si las anomalías se repiten, y ello pese a lo execrable del delito, posteriores estudios continuarán emitiendo alertas sin que ocurra algo que permita pensar en una mejoría.

  • Elespectador.com

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Opiniones

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memo

14 Octubre 2008 - 7:37pm
Será posible que cualquier día de estos, pueda revivirse la figura del trabajador (a) social, ese que se acercaba más intimamente a los hogares, ese que mediante la cercanía tan estrecha, podía develar muchísimas problemáticas que existían o se estaban cuajando en los hogares? Cuesta plata, obvio, pero el impacto es gigantesco. Las medidas a tomar están ahí, falta la decisión política para implementarls. ¿Cuándo podremos escuchar las noticias sin que nos inunden con las frases de cajón tan trilladas como: "Se encendieron las alarmas", "Indignación nacional", "el caso tal, permitió descubrir", "El país está conmocionado", ¡por favor! Los casos son innumerables, ¿No hay manera de trabajar en la prevención? Seguramente, mañana encenderé la televisión o la radio para escuchar lo de siempre....
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memo

14 Octubre 2008 - 7:20pm
Se requiere toda la información posible que permita caracterizar las diferentes problemáticas a las cuales están expuestas las mujeres y la niñez, en general, el núcleo familiar. Pero a partir de las investigaciones, debe presionarse para que se afronten esas problemáticas y se tomen correctivos de manera integral. Ese modelo, de ineficacia comprobada, que va tras el caso puntual hecho público, tiene un mínimo impacto, el suficiente apenas para aplacar los animos de la opinión pública aunque la tragedia continúa. Hay mucha ignorancia, falta de compromiso en todas las instancias y poquísima sensibilidad para entender a las víctimas y su calvario. Es comprensible que muchas prefieran callar y soportar el ultraje constante, cuando no encuentran en las instituciones el respaldo suficiente...
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Acróbata Sobreviviente

14 Octubre 2008 - 12:56pm
Al que deberían violar todas las víctimas --con una piña perolera-- es al ministrico Palacios, uno más del totalmente inepto gabinete del paraco mayor. ¡HAY QUE DETENER EL GENOCIDIO, FUERA URIBE DE LA CASA DE NARI!
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Carlos PIñeros

14 Octubre 2008 - 10:07am
Lo cruel de estos informes extraordinarios es que parecen arar en el desierto. No hay un sistema de administración cercana, rápida y eficaz de justicia. El holocausto de la justicia del año 85 desvió la principal función del Estado. Con el agravante que fue seguido por la eliminación institucional del Ministerio correspondiente, al ser asumido por el Ministerio del Interior. No hay visión de largo plazo con sentido patriótico, de organización y respeto del bien común con vista al futuro. A mayor investigación, mayor evidencia de la necesidad de que la justicia internacional debiera desbordar el "respeto" de la soberanía que no respeta el bien común, el derecho a la vida y a vivirla decentemente.
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