Cali es Cali, de nuevo

Los Mundiales son una especie de juegos “sombra”, con aquellos deportes que no figuran dentro de los Juegos Olímpicos (como el karate o el patinaje), pero cuya importancia no se puede soslayar. Se trata aquí de 31 deportes en total. Para competir en ellos, vienen a Colombia 3.830 deportistas de 108 países.

Cali se preparó, por supuesto. Pese a que se levantaron muchas críticas, desde sectores que consideraban que la construcción de nueva infraestructura era plata malgastada, hoy la ciudad está renovada: se ha transformado a la usanza de las grandes ciudades de otras partes del mundo que invierten parte de su dinero en escenarios deportivos.

De esta forma se remodelaron 16 centros, pero también se crearon cinco: el Coliseo Mundialista, el impresionante diamante de sóftbol (de estilo arquitectónico innovador y bioclimático), la cancha de hockey en línea, la de balonmano y la piscina de entrenamiento para kayak. Se invirtieron $102.000 millones —dinero que, como ha dicho por estos días el alcalde Rodrigo Guerrero, equivale a lo que se invirtió solamente para la remodelación del estadio Pascual Guerrero antes del Mundial Sub-20 del año pasado— que han dejado a Cali entre las ciudades aptas para hospedar este tipo de eventos de talla mundial. Nada mal.

Más allá de las expectativas deportivas y sobre el desempeño de Colombia en estas competencias no olímpicas, vale la pena que el país fije sus ojos sobre Cali, sobre la ciudad, sobre cómo está evolucionando. Sobre cómo, si se quiere, después de una serie de declives está reverdeciendo por fin. Ya hace unos meses se celebró allí con todo éxito la VII Cumbre de la Alianza del Pacífico, ese tratado comercial (integrado desde 2012 por Chile, México, Colombia y Perú) que se está convirtiendo en uno de los más apetecidos del mundo por parte de observadores internacionales y países vecinos.

Pero no se trata solamente de la imagen que proyecta Cali con estos eventos a nivel mundial. Eso, en un panorama más general, viene siendo lo de menos.

Es también la evolución que la ciudad está teniendo para sus ciudadanos de a pie: el MIO, el Sistema Integrado de Transporte Masivo, ha supuesto, de acuerdo a la presidenta de Metrocali, María del Pilar Rodríguez, una evolución tanto en la convivencia ciudadana como en la infraestructura de la ciudad, en el medio ambiente y en las formas de movilizarse. Todo esto se refleja en la ciudadanía como una forma de ver la ciudad antes y después de este avance de transporte masivo. Este año, asimismo, se crearon 250 nuevos cargos temporales de guardas de movilidad.

Todo dentro de un ambiente de convivencia ciudadana que cada vez es más agradable: unas organizaciones civiles (Unidad de Acción Vallecaucana, Fundación Alvar Alice y Cali Cómo Vamos) crearon el movimiento Yo Actúo por Cali, que busca socializar el Plan de Desarrollo y asegurar que, entre todos, líderes comunitarios y ciudadanía incluidos, se cumpla. Algo así como el “capital social” puesto en términos reales, es decir, esa relación entre ciudadanos e instituciones, para que un proyecto político conjunto surja de forma aceptable, es lo que está sucediendo en la capital del Valle del Cauca.

Cali da muestras de evolución. Es obvio que no faltan los problemas más serios (casi endémicos, podría decirse), pero en este contexto, cuando se han inaugurado allí los Juegos Mundiales, una buena noticia sí puede darse.

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