Colombia sabe resistir el terror

Cristian Garavito - El Espectador

Asoma de nuevo su rostro un horror que, por lo menos en la capital del país, no se vivía desde hace cinco años, cuando el exministro Fernando Londoño sufrió un atentado en su contra. Se trata del terrorismo inmisericorde, de motivaciones difusas y cuyo propósito es cobrar la vida de víctimas inocentes. Por eso cuesta tanto darle sentido a lo ocurrido el sábado pasado.

Hacia las 5 p.m. del 17 de junio explotó un artefacto en el segundo piso del centro comercial Andino, en Bogotá. Según información difundida por la Policía, la explosión ocurrió dentro del baño de mujeres. La ubicación no parece ser accidental: además de tener la intención de violentar un espacio donde los ciudadanos son vulnerables por la confianza que tienen en la seguridad del espacio en el que se encuentran, este es un ataque contra las mujeres. Vil, por donde se le mire.

El resultado fue nefasto. Al cierre de esta edición, por causa de la explosión murieron tres mujeres: las colombianas Ana María Gutiérrez (27 años) y Lady Paola Jaimes Ovalle (31 años), y la francesa Julie Huynh, de 23 años. Además se cuentan otros nueve heridos y varias decenas de personas que experimentaron el terror de estar cerca del atentado.

Es poco lo que a estas alturas se sabe. A la salida de un consejo de seguridad ayer, el presidente Juan Manuel Santos, que canceló su viaje a Portugal para estar al frente de la respuesta institucional a lo ocurrido, dijo que “el equipo investigador tiene tres hipótesis concretas y no las voy a mencionar para no dañar la investigación”. Estamos de acuerdo con su cautela. Además, el jefe de Estado ofreció una recompensa de $100 millones por cualquier información que permita a las autoridades comprender lo ocurrido.

Ciertamente, no es fácil entrever quién pudo estar detrás de lo ocurrido. El país necesita que los investigadores hagan su trabajo con diligencia y tengan pronto información concreta y, sobre todo, con evidencia, para entender lo ocurrido. Es lo mínimo para poder lidiar con el dolor que produce este hecho.

Por todo lo anterior, fueron muy irresponsables las reacciones de múltiples líderes políticos en redes sociales. Tan pronto se supo lo ocurrido, circularon acusaciones que culparon al Eln, al proceso de paz y otras tantas hipótesis más sin ningún tipo de sustento. Tanto las Farc como el Eln salieron a negar inmediatamente su responsabilidad y a repudiar lo ocurrido. No vamos a caer aquí en el innecesario juego de la especulación, pero no podíamos dejar pasar la indignación que produce el oportunismo de quienes ven en cualquier situación la oportunidad de seguir fomentando la polarización. No gana nadie con esa dinámica.

Escribió alguna vez Jorge Orlando Melo que “para los colombianos, nada es más familiar que la sensación de que el país se encuentra siempre en crisis, al borde del colapso”, por culpa, sobre todo, de la violencia irracional. Pese a que ya hemos abandonado las décadas en las que atentados como el del sábado eran mucho más comunes, no sobra, en estos momentos de incertidumbre, recordar lo que hemos sobrevivido como país y recurrir a las estrategias de siempre. Ante el terror, la resistencia de seguirle apostando a la construcción de una Colombia compasiva y pacífica. Ante el dolor, la unión y la solidaridad. Nos unimos a los homenajes para las víctimas y a su memoria.

 

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