Cuestión de enfoques

El miércoles en el Ar Hotel SAlitre se vivió y clausuró la pujante subasta por la que seis empresas se disputaban el espectro 4G, a voz de todos los expertos, el futuro de las telecomunicaciones en Colombia.

 De las seis propuestas presentadas, cinco fueron las que se quedaron con un pedazo de esa codiciada banda: DirecTV, con dos bloques de la frecuencia de 2.500 megahertz (MHz), Claro, el actor dominante (y quien, por ende, deberá asumir las mayores responsabilidades), consiguió sólo uno. En la banda AWS (que comprende las frecuencias entre 1.700 y 2.100 MHz), resultaron ganadoras Movistar, Avantel y Tigo, quien ofertó en conjunto con ETB.

En medio de todo este tecnicismo extremo, lo cierto es que las telecomunicaciones, de aquí a un año, sí deben experimentar un cambio poderoso: de velocidad, de cobertura, de acceso. Pero hay que estar pendientes. Porque para llegar al futuro, primero tendremos que salirnos de esta especie de pasado arcaico en que se encuentra nuestra telefonía celular: una llamada corriente, lo más básico, se le cae hasta al presidente de la República, quien por Twitter se quejó desde hace tres meses, dándole prácticamente una orden a su ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Diego Molano. Más allá de eso, no ha pasado mucho. A quienes tienen celulares inteligentes, por otra parte, se les oyen las quejas recurrentes de que el acceso a Internet es defectuoso. Estas dos cosas ya son, digamos, un hecho notorio en la sociedad colombiana.

Para llegar al “futuro”, la palabra más repetida en este contexto, no sólo se necesita un salto. No se llega al futuro de un momento a otro. Pensar que el ancho de banda solucionará todos estos problemas que mencionamos es un absurdo reduccionismo: no por mejorar las calles los trancones disminuyen.

Lo primero, claro, es el Gobierno. Dijo éste que usaría esos $770.530 millones que ganó con la subasta para algo útil (y noble): llegar a las regiones con tecnología, dotar de equipos en las escuelas públicas y apoyar los programas de emprendimiento. “Programas sociales”, dice el ministro del ramo. Sin embargo, aparte de esto, debería también crear controles, aumentar las multas, vigilar mucho más a los operadores para que, por fin, no sea el crecimiento salvaje su enfoque (como aquí lo denunciamos) sino más bien la atención al usuario, que es, en últimas, lo que la sociedad entera está esperando. Dijo el ministro Molano desde hace un tiempo, como respuesta al emplazamiento de su jefe, el presidente, que si los operadores no mejoraban el servicio, no los dejaría subastar. Sonaba a un chiste. Lo fue. Ya después de esta celebración de bombos y platillos, hay que concentrarse en lo que la sociedad (más allá de sus programas sociales, que están bien) necesita en estos momentos.

La segunda parte de toda esta gran responsabilidad va para los operadores. Sí, cada uno tendrá que hacer grandes inversiones en tabletas digitales en las cabeceras municipales. Suena bien. Pero tienen que meterse la mano al bolsillo, sobre todo, para generar una mejor infraestructura: obras, torres, atención al usuario, señal y acceso a Internet, entre otros aspectos.

La gran lección que queda después de toda esta subasta, en la que el Gobierno se siente ganador (que lo fue en parte), es que, para llegar al futuro, tenemos que salir de esta especie de marasmo en el que nos encontramos. Sin Internet, las tabletas en las escuelas públicas no serán lo mismo. Vamos a ver qué pasa con todo esto.

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