De veinte años a hoy

El 7 de mayo de 1996, el vehículo en el que se desplazaba Aída Avella, presidenta de la Unión Patriótica (partido exterminado y vuelto trizas por una violencia asesina), fue perseguido en la Autopista Norte de Bogotá por otro automóvil que le disparaba con un lanzacohetes.

Por ese entonces ella, junto con otros miembros sobrevivientes de un partido del que 4.000 simpatizantes, 2 candidatos presidenciales, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales y 11 alcaldes fueron asesinados, decía que había una estrategia contra los que quedaban , a la cual llamó “Plan Golpe de Gracia”. La hubo, sin duda, y a ella le tocó marcharse del país para ver cómo su partido, entonces la esperanza de un gran sector de la ciudadanía, desaparecía, ya no por obra de la violencia, sino también del derecho: perdería la personería jurídica con el tiempo. ¿No hay miembros vivos? Pues no hay partido. Así de sencillo fue el raciocinio.

Muchos años de exilio después, justo ahora que Avella se lanza como candidata presidencial por la UP, supimos que este fin de semana fue víctima de un nuevo atentado. ¿Otra vez? El tiempo es cíclico en Colombia, al parecer. De 20 años a hoy el título de la noticia no cambia. La violencia tampoco lo hace. ¿Nuevo golpe de gracia? ¿Revive la UP y con ella la violencia que pretendió exterminarla hace dos décadas? ¿Siguen algunos aferrados a que en este país sea imposible abrir espacios?

Los hechos: la candidata presidencial iba en una caravana de automóviles que recorría el departamento de Arauca el domingo en la mañana. Desde una motocicleta dispararon contra los automóviles. El impactado fue el de los escoltas, que no estaba blindado y que dejaron en el puesto de mando de la Fuerza de Tarea Quirón del Ejército Nacional, en el centro de Puerto Jordán, el poblado del municipio de Tame hacia donde se dirigía Aída Avella.

Las preguntas lógicas: ¿quién está detrás de este hostigamiento? ¿Ya llegó a algún lado la investigación sobre la veracidad del panfleto que hace poco amenazó de muerte a la candidata presidencial? ¿Se tomó con seriedad o se dejó a un lado como si fuera algo natural? Otras preguntas de índole histórico también se presentan: ¿estaremos siendo testigos del inicio de un capítulo sangriento que manche, de nuevo, a la izquierda colombiana?

Celebrábamos en estas páginas hace unos meses la resurrección de la personería del partido a través de un fallo del Consejo de Estado. No hay nada más saludable para una democracia que el hecho de que las opciones ideológicas estén representadas a través de partidos, mucho más cuando éstos gozan de una cierta identidad con una porción de la población. La UP sobrevivió a todo, incluso al olvido: aún hay en ellos una chispa de esperanza por configurar una oposición política en este país. Nos preocupamos en su momento porque el resentimiento contra esta opción hubiera tenido la misma capacidad de resistencia, y ahora lo comprobamos con un atentado como el del domingo. Mucho ojo. La historia aguanta todo. Las personas no.

Da pánico pensar que la violencia, nuevamente, desgarre la yugular de un partido político. Es inconcebible que a estas alturas estemos pidiendo lo mismo que hace veinte años. Por eso las garantías deben ser mayores. Los controles también. Las investigaciones también. No acabamos de cerrar un sangriento capítulo cuando ya vemos su continuación, como si las sociedades no fueran capaces de evolucionar, de pasar las páginas. No más, por favor.