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Editorial 10 Mayo 2013 - 11:00 pm

EDITORIAL

Del dicho al hecho...

Bogotá Humana es el primer plan de desarrollo de Bogotá que de forma explícita incluye una dimensión ambiental territorial, esta vez acorde con las más recientes propuestas internacionales de urbanismo y adaptación al cambio climático.

Por: Elespectador.com
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Esto ha sido reconocido en varias ocasiones por ilustres visitantes, quienes han revisado y elogiado el modelo de ciudad que quiere implementar la administración del alcalde Gustavo Petro en Bogotá. Sin embargo, aun quienes simpatizan con los grandes lineamientos de la transición que se busca, perciben falencias o debilidades en la propuesta de revisión del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), radicada el pasado 2 de mayo. Entre ellas, paradójicamente, las que se refieren a la Estructura Ecológica Principal, concepto anterior y vigente, que reune el conjunto de espacios verdes y áreas protegidas, o sea el elemento ecológico y ambiental que debe estructurar el territorio de la ciudad.

Es cierto que en la revisión del POT se priorizan acciones relacionadas con el río Bogotá, pero no se introduce una similar con respecto a los cerros orientales y el conjunto de territorio estratégico para el manejo del agua en las inmediaciones de los páramos de Chingaza y Sumapaz.

Recordemos que una falencia de fondo de la primera versión del Plan de Desarrollo fue justamente referida a las áreas rurales. Hoy, se trataría de una inoportuna omisión. Aprovechando el fallo del Consejo de Estado sobre los cerros orientales se debería adoptar una postura frente a las áreas no ocupadas del borde de la ciudad y los cerros, que podrían ser suelo urbano de protección para consolidarse como corredor ecológico de transición, y que por sí solas aumentarían en 0,9 metros cuadrados el área verde disponible por habitante en la asfixiada ciudad.

El Plan no le da la suficiente jerarquía para el manejo de este borde, lo cual no facilita la construcción del necesario pacto para consolidar la apropiación social de la reserva de los cerros orientales. Una debilidad similar se percibe en relación con los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible, es decir, el conjunto de quebradas, canales y humedales en la áreas urbanas, que deberían ser articulados con el sistema de espacio público y la estructura ecológica de forma explícita y funcional. En conjunto, la propuesta de planificación territorial de las áreas verdes de la ciudad parece todavía débil en su relación con los mismos ejercicios a nivel regional, de los municipios vecinos, de los municipios del territorio estratégico del agua que es Chingaza y de la sabana de Bogotá, en proceso de caótica urbanización.

Con todo, más allá de los instrumentos de planificación de la ciudad, la Estructura Ecológica Principal sigue pareciendo una idea visionaria, pero poco implementada. Las áreas protegidas y la flamante estructura siguen siendo en gran parte “polígonos” verdes en los mapas, mientras en el campo acusan déficit notorio de administración.

Bogotá todavía no cuenta con una institución para la administración especializada de áreas protegidas y su estructura ecológica no tiene el nivel de jerarquía que permita conjurar los conflictos con los sectores de infraestructura y vivienda. El alcalde Petro hace meses anunció un nuevo esquema de administración de los humedales en cabeza del Jardín Botánico, que está todavía por consolidarse con suficiente mandato ejecutivo y recursos.

En lo verde, el vacío de gestión entre lo dicho que puede complementarse y el hecho que debe administrarse, se mide todavía en miles de hectáreas sin suficiente gobernabilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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