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Editorial 18 Ene 2013 - 11:00 pm

EDITORIAL

El debate por las armas

Un arma mata. Está diseñada para eso y nada más. La finalidad que tiene en este mundo es acabar con la vida de las personas. No tiene otro sentido portar un arma sino es la de agredir a otro por alguna razón: sea la persona inocente o culpable, sea para defenderse de un agresor o de un peligro inmediato.

Por: Elespectador.com
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 En fin, no importa. Con sensatez podría pensarse, entonces, que no todas las personas deberían tener la capacidad de portar un arma consigo. Que podría consistir un peligro muy grande que cualquiera la tenga en la comodidad de su casa.

En Estados Unidos se adelanta un intenso debate acerca del porte de armas. ¿Y cómo no? Ese país, por obligación, debería tener una discusión de esta índole tan periódicamente como van ocurriendo las matanzas. Porque decir que una cosa no está relacionada con la otra, como pretenden los tercos defensores, es absurdo. Raya incluso en lo ridículo. Conseguir un arma con facilidad y poder usarla por derecho se mezcla fácilmente —porque no hay tabú— con algún resentimiento, con alguna riña, con algún problema familiar o mental. Es así de fácil. Lo paradójico es que, después de una trágica matanza, las ventas de armas aumentan en un 25%. Increíble.

La última, que despertó la acción del presidente de EE.UU., Barack Obama, fueron las 27 muertes (20 niños) que sucedieron en Connecticut hace un mes. Sin embargo, quedan en la mente las muchas otras del pasado, cuyas imágenes han recorrido el mundo entero y son escalofriantes. Columbine, Virginia Tech, Aurora... Es necesario revaluar ese derecho ciudadano. Sobre todo cuando fue confeccionado, en el caso de Estados Unidos, hace 200 años, creando una cultura inspirada en él y que se defiende a ultranza: el derecho ininterrumpido a usar armas por la seguridad de un país libre. Y se lo toman en serio. Pero las cosas ya no son como hace dos siglos. El mundo, y Estados Unidos de paso, han cambiado. Los países democráticos también, y que se entienda, restringen el uso de armas.

Obama presentó un paquete de 23 medidas, elaboradas en conjunto con su vicepresidente, Joe Biden, donde se proponen cosas como las siguientes: revisión universal de los antecedentes de los compradores (algo que han obstaculizado sucesivamente los republicanos), reducción del número de balas de los cargadores y prohibición de las armas de asalto. Lo que logran estas medidas es apretar un poco a quienes usan armas. Ni siquiera quitarlas. Tal y como lo dijo de forma contundente el editorial del New York Times del día miércoles: es la primera vez que un presidente presenta un paquete necesario para el país y no inspirado en lo que los estrategas políticos piensen que un Congreso como el suyo pueda aprobar. Y eso cuenta mucho.

A pesar de que algunas medidas son decretos expresos que no necesitan debate, el camino es muy largo, ya que no todas son de esta índole. La batalla que se librará a nivel legislativo con el resto será impresionante. Sobre todo porque, como muchos analistas lo mencionan, la Asociación Nacional del Rifle tiene una influencia impresionante en el Congreso por haber pagado muchas campañas políticas. Pero es la hora de que este órgano sea razonable, de que los congresistas miren en sus conciencias lo que es mejor para la sociedad —sobre todo porque siempre se lamentan por las matanzas—, de pensar más allá de un privilegio vetusto que nada tiene que ver con la realidad actual.

Un arma mata. En Estados Unidos y en cualquier parte. Por ello resultaría provechoso que un debate de la misma índole se trasladara, con sus matices propios, a Colombia. El plan desarme en Bogotá ha rendido sus frutos en términos de vidas humanas. Si queremos una sociedad más sana —mentalmente, físicamente— hay que empezar a cambiar la mentalidad en torno a las armas.

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