El ejemplo de Falcao

No deja de generar suspicacias, como las ha generado, que un periódico como El Espectador decida, como ha decidido, escoger esta vez como personaje del año en Colombia a un deportista: el goleador del Atlético de Madrid y de la selección colombiana de fútbol Radamel Falcao García.

Que es un exceso de sentimentalismo, que es patriotismo barato, que solamente buscábamos vender más periódicos, que el fútbol es un negocio que opaca las demás actividades deportivas, que debimos esperar a que la Selección Colombia cumpliera el objetivo final de clasificar al Mundial, fueron algunas de las quejas —las decentes al menos— que se leyeron en los foros y redes sociales luego de que el pasado domingo declaráramos a Falcao como nuestro personaje del año 2012. (Claro, los comentarios negativos pararon cuando el astro colombiano correspondió ese mismo domingo a dicha escogencia con un encuentro perfecto en el que anotó cinco goles).

Toda selección de este tipo, que hacemos los medios de comunicación por estas épocas de balance cada año, tiene sin duda mucha subjetividad. Y es cierto que muchas personas podrían haber aspirado a ese honor por lo que hicieron desde enero a estas fechas. Incluso otros deportistas que, como Mariana Pajón, quien ayer fue galardonada como Deportista del Año de El Espectador, llenaron de gloria a nuestro país con sus medallas en los Juegos Olímpicos de Londres. Sin embargo, el significado para Colombia de lo que ha logrado Falcao García no nos parece que tenga igual.

No ha sido solamente un brillante año deportivo lo que nos ha llevado a escogerlo. Igual, o incluso más, ha pesado el ejemplo que ha sido para toda la sociedad y, por supuesto, el alcance que ese ejemplo tiene a nivel mundial siendo, como es, figura de primer nivel en el deporte más popular del universo. Tener a un deportista de élite mundial que con orgullo lleva y hace valer el nombre de Colombia a donde quiera que vaya tiene seguramente un mayor impacto en la transformación positiva de la imagen del país que las millonarias inversiones que se han hecho en los últimos años en diversas campañas publicitarias con ese fin.

Sí, puede que haya, como hay, deportistas tan buenos seres humanos como Falcao en Colombia, pero no hay hoy ninguno que tenga el alcance que él ha conseguido. Sí, puede que en otros momentos hayamos tenido deportistas con enorme alcance mundial —verbigracia, Juan Pablo Montoya en sus tiempos de la Fórmula Uno—, pero nunca llegó ninguno a tener la actitud para convertirse en un ejemplo comparable para el mundo de lo que es un buen colombiano. Ojalá que el ejemplo que es Falcao permita que tantos y tan buenos deportistas que están ya compitiendo en la élite del deporte universal sean como él y entiendan el compromiso que tienen con la sociedad a la que representan.

Falcao García es un deportista diferente de lo que estábamos acostumbrados en Colombia. El trabajo y el compromiso son su norte. Sabe que el cielo está al alcance para tocarlo, pero es consciente de que solamente el foco en el mejoramiento diario lo va a llevar cada vez más lejos. Y la verdad es que detrás suyo se ve venir toda una nueva generación de jóvenes deportistas colombianos que ya están inmersos en ese estilo, modernos, de alta competencia, alejados del conformismo de tener unas condiciones excepcionales y seguros de que ellas, sin trabajo, no terminan valiendo mucho. Lo comprobamos ayer en la ceremonia del Deportista del Año El Espectador- Telefónica, en un año excepcional para la actividad deportiva nacional.

El ejemplo de Falcao debe, pues, ser un norte para el apoyo al deporte desde el Estado, desde la empresa privada, desde la sociedad. Ese es el tipo de deportistas que debemos aprender a formar y debemos aprender a valorar si queremos, precisamente, que un año como este 2012, tan exitoso para nuestro deporte, deje de ser algo excepcional.