El maltrato animal

Rex y Urcos se llamaban los perros del ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, que fueron envenenados hace unas semanas en la Escuela de Carabineros de Bogotá, donde debían ser adiestrados.

Dos pastores alemanes por los que el ministro no ha querido dar ninguna declaración pública y sobre los que aún se espera un examen pericial para determinar con exactitud qué fue lo que pasó. Se sabe, eso sí, que para darles muerte las personas involucradas usaron tres venenos letales, lo que demuestra la premeditación con la que se obró.

Más allá de este deplorable hecho, lo que refleja el caso es el grado de irrespeto por la vida animal que hay en este país. En enero se divulgó un hecho parecido: un video de 2009 en el que unos uniformados de la Policía daban muerte a una perra. De una manera deleznable, y aprovechando la sumisión del animal, la metieron en un hueco, trataron de asfixiarla con una cabuya y, ante el fracaso de esta iniciativa, decidieron matarla a palazos; mientras su rostro se bañaba de sangre, los uniformados se reían. El director de la Policía, general Óscar Naranjo, manifestó que “al observar a mis hombres asesinando a este animal me ha generado un sentimiento de rechazo y repudio”. Y asimismo anunció la destitución de algunos, ya que no todos los que aparecen en el video eran miembros vinculados con la fuerza policial.

Un año de maltratos visibles a los animales. Como lo ratifica la denuncia que el 3 de diciembre hizo Marcela Ramírez, presidenta de la Red de Protección Ambiental y Animal de Colombia (Redpaa), quien dijo que en las calles de Tuluá, Valle del Cauca, aparecieron los cadáveres decapitados de 18 perros y gatos. O también la denuncia que existió de un entrenador de perros de la policía, quien adiestraba a un labrador ahorcándolo con un collar para que se mantuviera bajo una línea de disciplina y obediencia.

Lo que vivimos ahora es una indolencia frente a los animales, frente a lo que sus vidas suponen y el dolor que pueden llegar a experimentar por el accionar humano. Si bien es cierto que los actos que abrieron y cerraron el año contra los perros fueron realizados por algunos miembros de la Fuerza Pública (asunto que habrá que revisar con cuidado, sobre el concepto que la fuerza en general tiene de la vida animal y que, como dijo el mismo Óscar Naranjo, “contradice la filosofía, espíritu y mandato de respeto a la vida que tienen los hombres de la institución”), creemos que la ceguera ante la vida de los animales es un asunto más generalizable a la sociedad colombiana.

Algunos expertos sostienen que es un tema cultural: el desconocimiento de los derechos que asisten a los animales (quienes sienten dolor), que a su vez incide para que haya una ignorancia de los deberes que implica respetarlos. Es esta ignorancia, en conjunto con el eterno error de la superioridad del hombre sobre las otras especies, la que conduce a actos despreciables como los que mencionamos. Hacen falta más campañas. Hace falta no ver a los defensores de animales como personas indeseables sino, aunque cueste mucho creerlo, como portadores de una causa legítima. Y hace falta más educación en torno al respeto por sus vidas. Tal vez con el año que viene pudieran adelantarse más y mejores campañas educativas para el logro de esos objetivos. Esperamos que así sea.