El oscuro caso de Luis Colmenares

Hace casi un año el cuerpo de Luis Colmenares, estudiante de la Universidad de los Andes, fue encontrado en un caño que queda en el parque El Virrey de Bogotá, luego de compartir con algunos compañeros durante una fiesta de disfraces.

Colmenares, según se adujo en las primeras versiones sobre su caso, salió corriendo en dirección al caño y se quitó la vida. En un país lleno de tragedias y de muertes viscerales, no hubo mucha atención para el expediente de Luis y el caso parecía llegar a una apresurada conclusión. Sin embargo, sus familiares y amigos más cercanos no creían en el testimonio que Laura Moreno (su novia) les dio a las autoridades: que Colmenares se pasó de tragos, salió corriendo y se quitó la vida arrojándose al pequeño abismo.

Luego de guardar luto y enterrar a su hijo, casi como un símbolo, en La Guajira, la madre, junto con su familia, se puso a la tarea de investigar la verdad, pues lo dicho por los medios y las autoridades durante medio año no la convencía. El dictamen pericial elaborado por Medicina Legal fue confrontado con un investigador privado (un experto en ciencias forenses), quien analizó el expediente de la Fiscalía (que contenía la descripción de una herida en la cabeza, producto consecuente de la versión del suicidio) y vio que no había mucho sentido. Finalmente se dio la exhumación del cadáver de Colmenares y se emitió un nuevo dictamen. El resultado: siete heridas distintas y cortes de la piel en nariz, mejilla y mentón. A juicio de estos nuevos hechos, se supone, Luis fue sujeto de un asesinato y una muerte lenta y dolorosa.

El hallazgo del cadáver está también envuelto en un misterio. Las autoridades no encontraron nada en su primera búsqueda, hecha con linternas y de manera minuciosa. A las 9:00 de la noche de ese mismo día, el cuerpo fue encontrado justo en el lugar donde, se suponía, el joven se había arrojado y había muerto. Después de que la familia controvirtió estos hechos, casi cada semana salieron pruebas nuevas: dos implicadas en el proceso, estudiantes de la Universidad de los Andes que acompañaban al joven y que hicieron la llamada de emergencia; Carlos Cárdenas, el exnovio de Laura Moreno y, a juicio de la Fiscalía, una persona que podría tener algún resentimiento contra Luis; la abogada defensora y la madre de Cárdenas (puestas en libertad hace poco por una juez de control de garantías) investigadas por fraude procesal, en el que está presuntamente involucrado el director nacional de Fiscalías, Néstor Armando Novoa, por cuenta de una interceptación telefónica en la que supuestamente se ve alguna interferencia en el proceso; la cercanía entre la abogada del joven y Novoa; el testimonio de una mujer del cuerpo de bomberos, quien declara que Laura Moreno aseguraba haber socorrido a Colmenares, sin presentar, a su juicio, ninguna señal de dicha acción.

En fin, son muchas piezas sin embonar en un caso trágico en el que sólo quiere conocerse la verdad. Revela, a su vez, aquellos asuntos que frenan el buen desempeño de la justicia y deja en claro cuánto pudo haberse perdido de la verdad en caso de que las víctimas fueran, no unas personas con el dinero suficiente para persistir en una investigación por cuenta propia, sino pobres, como lo son la mayoría en este país.

¿A dónde llegará todo esto? Esperamos que a una pronta justicia (tanto para las víctimas como para los investigados). Por ahora permanece en una nebulosa conjunción de hechos y testimonios nuevos, que dejan en la oscuridad la pérdida de una vida, ya de interés nacional y que deja ver de forma traslúcida los infinitos problemas que hay a la hora de aclarar un hecho en Colombia. Ojalá Luis encuentre no sólo paz en su tumba, sino también justicia en su caso.