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hace 5 horas

Que haya claridad

El martes de la semana que termina el joven colombiano Israel Hernández se encontraba en Miami Beach (Estados Unidos) pintando un graffiti a la altura de la calle 71 con avenida Harding.

Pintaba la fachada de un restaurante abandonado, lo que implica, según la ley del estado de Florida, vandalismo en propiedad privada.   

Unos policías lo vieron y el muchacho, ante su presencia, emprendió la huida. Luego se encontró cara a cara con ellos y le dijeron que se detuviera. No lo hizo. Uno de los oficiales decidió dispararle con un táser, un arma no letal (al menos eso dicen algunos departamentos de policía del mundo) que administra descargas eléctricas a través de unas agujas.   

Hernández se desplomó en el suelo. Según lo que dijeron sus amigos al diario Miami Herald,  los policías se pararon frente a él para burlarse. Luego, ante la inconciencia del joven, llamaron a una ambulancia. A las 6:15 a.m., en el hospital Monte Sinaí, murió. De acuerdo con lo que dijeron las autoridades, fue el agente Jorge Mercado quien le  disparó. 

Ahora vienen las cosas que no cuadran. “Los oficiales fueron obligados a usar el táser para evitar un incidente físico”, dijo el jefe de policía de Miami, Ray Martínez. ¿Qué incidente físico, deberían aclararnos con más precisión, fue el que se logró impedir? ¿No existía una acción, digamos, menos extrema que esa?  Ahora, lo que indigna, es la reacción de las autoridades estadounidenses: tres días de suspensión para el policía que disparó contra el joven. Y con sueldo. Nada más. 

Si bien es cierto que aún no se ha aclarado la causa de la muerte del joven, razón les asiste a las declaraciones de la Unión Americana de Libertades Civiles de Florida (Acluf), que pone todo en contexto. Dice la Acluf que “este es el último de una larga y trágica serie de incidentes en los que la Policía de Miami Beach parece haber hecho un uso excesivo, desproporcionado y letal de la fuerza”.  Howard Simon, el director ejecutivo, manifestó que no hubo suficiente razón para el uso del táser. 

Y suena lógico: ¿por un grafitti esa reacción desproporcionada? Así sea un acto vandálico, no se trata en este caso de un delincuente peligroso que esté desafiando la integridad de las autoridades ni de nadie. Se trata de un joven que, sobre todo, está haciendo efectiva su forma de expresarse, eso no debe ser olvidado en todo esto. Por otra parte, ¿no podrían las autoridades de Miami ser menos testarudas como para ver que es desproporcionado el uso de un táser en un evento de este estilo? ¿Existen categorías para medir su impacto? Este es un debate que no solo está pendiente en Estados Unidos sino también aquí en este país, donde esas “armas no letales” parecen ser el ideal de seguridad ciudadana de algunos, candidato a la presidencia entre ellos.

La Cancillería de Colombia ha mandado sus condolencias a la familia. También ha pedido a las autoridades estadounidenses, a través del Consulado en esa ciudad, que se investigue y se esclarezca el caso. Eso está bien: sobre todo cuando los padres del joven extrañaban algún pronunciamiento del Gobierno de acá. Esperamos que en verdad se haga un seguimiento juicioso a este caso, para que haya justicia y, sobre todo, para que haya verdad. Es lo mínimo que merecen los familiares de la víctima. 

El Gobierno de Colombia tiene la responsabilidad de estar pendiente y de exigir respuestas prontas: ¿o qué pasaría en el caso contrario, un ciudadano norteamericano asesinado presuntamente por un oficial colombiano en Bogotá? ¿Habría sanciones laxas? ¿Habría lentitud en la investigación? No lo creemos.

Este es un evento que amerita una reflexión sobre el uso de la fuerza por parte de las autoridades policiales, aquí y allá. Pero, sobre todo, un evento que requiere respuestas prontas por parte de la justicia de Estados Unidos.