La deuda del SITP con los bogotanos

La grave crisis financiera que atraviesa el SITP debe verse como una oportunidad para ir más allá de los cambios anunciados y realizar cambios estructurales. / Foto: Archivo

La semana pasada, Transmilenio anunció su intención de implementar una serie de medidas para desmontar gradualmente el SITP Provisional en Bogotá que, de funcionar, serían un primer paso para, por fin, terminar de poner en marcha el tan esperado Sistema Integrado de Transporte Urbano (SITP) de la ciudad. Estos cambios abren la puerta para reestructurar el fallido modelo de operación de los buses que ya hacen parte del SITP, pero también ponen en evidencia que falta mucho trecho para declarar que el sistema esté andando al 100 %, mucho menos, que sea el sistema de transporte que Bogotá necesita.

Las medidas anunciadas hacen parte de un servicio temporal que ayudará a integrar progresivamente todos los buses de transporte público al SITP en los próximos tres años. Esto implica reemplazar los 4.920 buses tradicionales que todavía operan bajo el nombre de SITP Provisional y funcionan con dinero en efectivo. Es decir, se pintarán de azul, tendrán la obligación de recoger y dejar pasajeros en los paraderos autorizados, se implementará el pago con tarjeta para unificar la tarifa y el recaudo, y se hará la instalación de los equipos para que cumplan las características de identificación y seguridad del servicio ofrecido en el SITP.

Estos cambios, aunque llegan tarde, son bienvenidos e indispensables para la implementación, pues una de las grandes fallas del sistema ha sido permitirles a los buses tradicionales seguir movilizándose por la capital siguiendo sus propias reglas, mientras les hacen competencia a los buses azules. Las empresas operadoras del SITP han insistido en que lo que recaudan actualmente no les alcanza para cubrir sus obligaciones por la baja demanda de pasajeros, poniendo en riesgo su viabilidad financiera, por lo que redireccionar los usuarios y el recaudo de los buses tradicionales al SITP ayudaría a equilibrar la balanza.

Con todo, a pesar de que esta decisión es un paso en la dirección indicada, el Distrito no ha encontrado la fórmula para adjudicar definitivamente las zonas donde hoy siguen operando los buses tradicionales porque el modelo actual no es rentable y ha llevado a todos los operadores al borde de la quiebra (Coobús y Egobús ya fueron liquidados y Tranzit está en reestructuración). Como le explicó Alexandra Rojas, gerente de Transmilenio, a El Espectador, abrir una licitación igual para desmantelar el SITP Provisional sería perpetuar un modelo de transporte que ya fracasó. Lo que la ciudad necesita es renegociar y formular un modelo rentable o, cuando menos, sostenible.

Por eso preocupa la ausencia de una propuesta clara del Distrito para dar con una solución de fondo a un modelo que él mismo reconoce como fallido, pues el futuro y la viabilidad del sistema siguen en el aire. La grave crisis financiera que atraviesa el SITP debe verse como una oportunidad para ir más allá de lo anunciado y realizar cambios estructurales.

Un primer paso debería ser la reestructuración de los contratos de los operadores actuales, algo que ellos mismos piden desde hace tiempo. De nada sirve pensar en cómo integrar el resto de los buses al sistema si la continuidad de las empresas que ya están operando no está asegurada. Además, ninguna empresa querrá operar los nuevos buses que se integren si saben de entrada que entrar al sistema es una sentencia de muerte asegurada.

Sigue, entonces, la difícil implementación de un sistema de transporte que, además de estos problemas financieros, tiene un cúmulo de falencias que afectan el servicio y lo hacen ver como un sistema complejo e intimidante. La Alcaldía sabe que este es uno de los temas más cruciales para el futuro de Bogotá. La pelota sigue en su cancha para proponer soluciones definitivas.

 

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