Por los niños de la calle

Según el informe de la Agencia de Comunicaciones Periodismo Aliado de la Niñez, el Desarrollo Social y la Investigación (Pandi), en el año 2011 se presentaron 11.495 casos de violencia intrafamiliar en que los niños, niñas y adolescentes fueron las víctimas.

Medicina Legal, por su parte, registró, para principios de 2012, 3.336 violaciones de este tipo. Esto se da al interior de las familias, en los núcleos medianamente consolidados, lo que implica un problema al que hay que meterle el diente.

Queremos en esta ocasión, sin embargo, referirnos al fenómeno del abandono, mucho más metido dentro de la informalidad. Es terrible, y las cifras hablan por sí mismas, pese a que la realidad total se desconoce: de acuerdo con datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, desde 2008 hasta la fecha han ingresado 3.280 nuevas almas. En 2011 la cifra ascendió a 832 casos. Las drogas, los embarazos no planeados, el desconocimiento de la vía legal de la adopción, entre otros, son los factores para que este número crezca con el correr de los días.

A pesar de los esfuerzos de los últimos tiempos por resolver esta triste realidad, es evidente que en nuestro país aún hay demasiados niños viviendo fuera de sus hogares, durmiendo en los andenes y en los parques. Niños que además de privarse del calor de un hogar, de no tener acceso a salud y educación, sufren con frecuencia graves problemas de adicción a la droga y muchas veces son víctimas de explotación sexual.

Este sufrimiento infantil y juvenil debe acabarse cuanto antes. El ICBF, con la ayuda complementaria de fundaciones y de empresas privadas solidarias, tiene que ponerle fin a este drama. Lamentablemente, esta situación se presenta en muchos países del mundo, incluso en naciones ricas que registran muchos casos de niños que abandonan sus hogares por maltrato o penurias económicas de sus padres.

Para llamar la atención sobre la necesidad de ayudar a estos niños de la calle se encuentra en Colombia un destacado director de orquesta y compositor, Vartan Melkonian. Él es el embajador de buena voluntad de un consorcio internacional que trabaja en favor de estos niños, labor que adelanta con el apoyo de Naciones Unidas, y está en Bogotá para que su vida sirva de inspiración y movilizar a todos en ayuda de los niños de la calle.

Melkonian fue durante diez años un niño de la calle. Sus padres armenios llegaron con él recién nacido al Líbano, escapando de la violencia. A los tres años de edad, su madre murió y su padre lo abandonó. Ingresó a un orfanato hasta los ocho años, de donde salió para vivir en las calles hasta los 18, cuando un ser bondadoso que conoció por casualidad en un montallantas decidió apadrinarlo. Esa solidaridad lo salvó y le permitió convertirse en el gran músico que es hoy en día.

El mensaje de Melkonian es sencillo pero muy poderoso: debemos darles oportunidades a todos los niños de la calle para que desarrollen su talento, todo su potencial, y para que puedan llevar una vida digna —como todo ser humano se merece—. Es probable que entre los miles de niños colombianos que viven en nuestras calles haya casos como el suyo. Y todos, sin excepción, deberían contar con condiciones de vida mínimas satisfactorias para tener la oportunidad de llegar a ser como él.

Mañana, a las 11 a.m., en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, el maestro Melkonian dirigirá a la Orquesta Sinfónica de Colombia, que interpretará la Sexta Sinfonía de Beethoven y la Sinfonía No. 40 de Mozart , además de dos obras compuestas por él: La luna y yo somos vecinos y Sinfonía del agua. A través de su testimonio de vida y de su talento musical, Melkonian nos recuerda una vez más la tarea urgente de construir una sociedad en la que ningún niño viva fuera de un hogar que le dé el amor y la protección que todo menor necesita para poder tener una vida plena.