Marihuana medicinal, por fin

La semana pasada se expidió un decreto conjunto entre el Ministerio de Justicia, el de Agricultura y el de Salud que reglamenta con mucha más precisión la ley que legalizó el uso de la marihuana medicinal en el país. Además de celebrar la medida, es importante seguirle el paso para ver si, en efecto, se abren posibilidades económicas en el país y seguimos avanzando hacia la necesaria despenalización del uso recreativo de esa droga.

El decreto se encarga de crear reglas precisas para el cultivo y la fabricación de derivados del cannabis con fines médicos (es decir, para los pacientes) y científicos (investigación, desarrollo de mejores medicamentos, etc.). En entrevista con Cecilia Orozco para El Espectador, el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, explicó que la normativa expedida trata, básicamente, cuatro temas: “1. El otorgamiento de licencias para el manejo de semillas, cultivo y fabricación de derivados del cannabis. 2. La asignación de cupos. 3. La distribución o comercialización nacional, y 4. El tratamiento preferencial a los pequeños productores”. Según Gaviria, “estamos dando un paso importante” porque los expertos han dicho que Colombia pasa a tener “la regulación más completa y sofisticada de la región”.

Aunque aún persisten sectores poderosos de la opinión pública que se oponen a cualquier tipo de cambio en la fallida guerra contra las drogas, que en Colombia se permita el uso de la marihuana con fines medicinales y científicos es un avance que garantiza los derechos de los pacientes del país. Como explicó el ministro, “hay un crecimiento del acervo de conocimiento sobre los efectos medicinales del cannabis en asuntos como el dolor neuropático, el insomnio, la agitación para pacientes con demencia, la epilepsia, las náuseas para pacientes con cáncer, etc”.

Son muchas las personas que pedían que el Estado tomara una decisión que no sólo hace parte de una tendencia global, sino que les evita a ellos tener que acceder a mercados inseguros para obtener un producto que, en la práctica, les facilita mucho la vida y los ayuda a llevar sus enfermedades. Es una medida humanitaria y, en un gesto no menor, valiente: es Colombia reconociendo que la lucha contra las drogas, además de ser un fracaso, nos ha privado del acceso a beneficios, únicamente por los prejuicios que ya han sido desvirtuados por la ciencia.

Faltan detalles en la regulación y es importante ver que las distintas licencias se otorguen de manera adecuada y no sean otro ejemplo más de burocracia excesiva. También preocupa lo que pueda ocurrir si a las carteras encargadas de la implementación llegan funcionarios con ideas retrógradas que saboteen el avance. Pero ya habrá momento de dar esa pelea, con testimonios en mano, esperamos, de pacientes que vieron su vida mejorar gracias a esto.

Queda, no obstante, un gran pendiente: la marihuana recreacional. Canadá ya anunció que empieza el proceso para legalizarla y, pese a la administración de Donald Trump, los estados norteamericanos siguen su camino hacia la despenalización. ¿Vamos, de verdad, a perder esta oportunidad económica, además de reconocer por fin que no hay motivos para la estricta prohibición? En el fondo, es un tema de libertades individuales y de ingresos que el Estado no recibe por cargar con taras del siglo pasado. Ya es hora de dar el paso.

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