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Editorial 10 Jun 2013 - 10:00 pm

Editorial

Que no se agote la discusión

Una verdadera batalla ha tenido que atravesar durante los últimos días el proyecto de Plan de Ordenamiento Territorial (POT) propuesto por el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

Por: Elespectador.com
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Y el debate se surtió en los extremos. Que es ilegal, repitió con insistencia a los medios el concejal liberal Miguel Uribe Turbay. Que no, que es simplemente una mala estrategia de comunicación, respondía la concejal progresista Diana Rodríguez. El punto fue que, entre tire y afloje, el POT se hundió en la plenaria del Concejo el viernes pasado. ¿Y ahora? ¿Qué hacer ante esta nueva crisis de gobernabilidad evidente del alcalde Petro?

Hay que decir algo antes: no se trata de ajustes menores, ni mucho menos. En esto el alcalde ha sido mucho más que explícito. Ha sido insistente hasta la saciedad.

Y problemas sí hay en la ciudad; un nuevo POT es necesario. La ciudad tiene en un centro ampliado un mal modelo de ciudad, en el que contrasta la infraestructura instalada con la densidad habitacional y la baja calidad urbanística, lo que, al fin de cuentas, redunda en una menor calidad para la vida de la población.

También, la ciudad ha venido supliendo un déficit crónico de vivienda en áreas rurales, pero lo grave es que lo ha hecho en áreas de riesgo climático. No parece sensato en este sentido el comentario de un importante académico, para quien frente al cambio climático se requiere más precisión antes de tomar decisiones costosas. Contrasta con un consenso creciente acerca de la necesidad de imponer un criterio de precaución, cuando las inundaciones de barrios no sólo ya sucedieron, con numerosos damnificados, sino que podrían acentuarse.

Por esto, porque aquí hay en juego una reforma estructural, hay que seguir discutiendo. Si bien los problemas más neurálgicos de la ciudad van mucho más allá del POT (revitalización urbana de gran parte de la ciudad, integración con la región), el primer paso es justamente ese.

Quemar el fusible de buenas a primeras, en un juego político de oposición radical, es algo que resulta del todo inconveniente. Pero revivirlo a la fuerza (a la fuerza legal), también. Por eso es que, alcalde, le pedimos que siga con su actitud conciliadora en vez de dejarse tentar por la aprobación por decreto. Aún falta aceitar algunas tuercas.

El instrumento como está contempla cambios de gran envergadura, pero con muchos elementos cruciales que aún están sin respuesta. Por eso es que la veedora distrital, Adriana Córdoba, ha afirmado que lo mejor es que el proceso arranque de nuevo. Desde cero. Y aunque suene a saneamiento, nos parece que, en aras del tiempo (y de las normas) lo mejor es que se discuta. Hay que ir mucho más allá de la pelea de extremos para meternos en el viejo (y olvidado) cuento de la llamada “democracia deliberativa”.

Antes de hundir o aprobar un instrumento, llegó la hora de construirlo para la ciudadanía. Ya se ha anunciado que aún quedan herramientas jurídicas viables para reavivar el debate al interior del Concejo. Así, al menos, lo ha anunciado el alcalde Petro. Esa es la esperanza.

Llegó el momento de que los representantes de Bogotá adopten una conducta muchísimo más matizada que los debates de blanco o negro. ¿Serán capaces?

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