Obama merece la reelección

El próximo martes Estados Unidos definirá su próximo presidente con un electorado dividido entre la continuidad del demócrata Barack Obama, con sus aciertos y errores, y la incertidumbre del republicano Mitt Romney, quien ha logrado equilibrar la balanza frente a su rival.

 A pesar de lo apretado de las encuestas se percibe una ligera ventaja a favor de Obama, quien es a todas luces la mejor opción para su país. Y para el mundo.

Obama arrancó en punta pero cayó en picada hace un par de semanas luego del primer debate, en el cual fue superado ampliamente por su rival en el tema esencial del manejo de la economía. Sin embargo, ha logrado repuntar en los últimos días gracias al acertado manejo dado al desastre que dejó el paso del huracán Sandy. Las últimas mediciones así lo demuestran, aunque el margen de error no da claridad sobre el vencedor. A favor del actual ocupante de la Casa Blanca juega el hecho de que el viernes pasado se confirmó que en los últimos 29 meses ha disminuido de manera sostenida el número de personas desempleadas lo que le permite demostrar que sus políticas para paliar la crisis están funcionando, a pesar de las duras críticas de su contendor.

Entonces, ¿cómo están las cosas? En un país acostumbrado a todo tipo de mediciones, las actuales encuestas no dan certeza dado lo parejo de los sondeos. A lo cual hay que agregarle además la complejidad del sistema electoral de Estados Unidos dentro del cual, por paradójico que parezca, un candidato puede resultar vencedor en las urnas pero, al mismo tiempo, perder las elecciones debido al llamado voto final de los colegios electorales. Así como sucedió en la definición de George W. Bush frente a Al Gore en 2000.

El asunto no es fácil de entender ni de explicar. Una vez concluidas las elecciones, cada Estado de la Unión tiene derecho, de acuerdo a su población, a enviar un determinado número de representantes al Colegio Electoral atendiendo al partido de quien obtenga el mayor número de votos en las urnas. En la mayoría de los estados el ganador se lleva todos los representantes ante el Colegio Electoral. Así las cosas, hay un número de Estados que por tradición son mayoritariamente demócratas o republicanos y es previsible saber de antemano a qué partido pertenecen sus representantes ante el Colegio Electoral. Sin embargo, para enredar más las cosas, hay ocho estados con votantes “independientes” que por su importancia y población terminan definiendo quién será el presidente. Por este motivo, tanto Obama como Romney han enfilado baterías y enfocado su esfuerzo final en Ohio, Virginia, Wisconsin, Nevada, Colorado, Iowa, Florida y New Hampshire. Allí, en las últimas mediciones, Obama aventaja a Romney, pero dentro del llamado margen de error.

Es decir que dentro de los posibles escenarios para el martes en la noche puede suceder que uno de los contendientes gane tanto el voto de las urnas como el del número de representantes de los colegios electorales, lo cual le daría una victoria inmediata. O que uno de los dos gane el voto de las urnas pero que al final sea el otro gane el mayor número de representantes de los colegios electorales.

En este complejo panorama es que se mueven los dos aspirantes a la Casa Blanca. Cada uno de ellos se ha jugado el todo por el todo en sus respectivas campañas y han utilizado toda la artillería pesada para tratar de obtener el apoyo del electorado, en especial en los ocho estados independientes de los cuales va a depender el resultado final.

Por el bien de Estados Unidos, y del mundo en general, es de esperar que el mismo sea favorable al actual mandatario, quien ha dado una nueva dimensión a su país en el campo internacional y quien merece un segundo periodo para afianzar los logros políticos, económicos y sociales que, dentro de un ambiente nada fácil, ha venido cimentando desde hace cuatro años.