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Editorial 15 Ene 2013 - 8:12 pm

EDITORIAL

¿En otra Patria Boba?

El símil no es absurdo. Se llamó Patria Boba a la época previa a nuestra independencia, cuando el propósito de alcanzar la libertad se diluyó en la pelea de los criollos básicamente por saber dónde se tomaban las decisiones.

Por: Elespectador.com
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 Y la necesaria independencia se aplazó en el intermedio de esa disputa, más bien ridícula. Hoy asistimos a un contrapunteo verbal sin precedentes entre el presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe que, salvo quizás a sus intereses políticos particulares, en nada sirven a la solución de los complejos dilemas que todavía afronta el país.

El último episodio de está pelea se originó en la entrevista que el presidente Santos otorgó al programa Hora 20, de Caracol Radio, el pasado lunes, en particular por dos temas en los que quiso librarse de cualquier responsabilidad marcando distancia con el anterior gobierno, del que hizo parte, los cuales, claro, tienen alto impacto en la opinión: la pérdida de mar territorial frente a Nicaragua con el fallo de la demanda que este país interpuso ante la Corte Internacional de Justicia y el trato complaciente y preferencial del poder político con el general (r) de la Policía Mauricio Santoyo, mano derecha del expresidente Uribe durante varios años y hoy condenado en los Estados Unidos por su estrecha relación con bandas narcoparamilitares.

¿Y los reales problemas del país qué? Porque aunque estos dos asuntos sean de relevancia, enfocarse simplemente en encontrar a los responsables o, mejor, concentrarse en encontrar como responsable a una sola persona, resulta a estas alturas algo insulso. Casi infantil. Pero con efectos complicados a la vista.

La posibilidad planteada por el presidente Santos de dar a conocer las Actas de la Comisión Asesora —en la cual se suele obrar bajo el criterio de confidencialidad— podría abrir la puerta a un precedente que no conviene al país ni a sus gobernantes. El país debe saber qué pasó con el manejo dado a lo largo del proceso, pero no como producto de peleas que se ventilan en los medios de comunicación para señalar grados de responsabilidad, sino como resultado de un análisis serio para el que se pueda contar con elementos de juicio que le permitan a la opinión pública sacar sus propias conclusiones. Lo contrario, es decir lo que estamos viendo, debe tener al gobierno nicaragüense y a otros gobiernos vecinos frotándose las manos.

Con el caso del general (r) Santoyo pasa algo similar: si bien es cierto que este alto exoficial tuvo, para vergüenza nacional, relaciones con los paramilitares y con la ‘Oficina de Envigado’, el expresidente Uribe no fue el único que lo protegió en el pasado, como quiere hacerlo ver el presidente. A Santoyo lo ayudó gran parte de la clase dirigente del país, la gran mayoría absolutamente ciegos sobre sus macabras relaciones. ¿Queremos saber qué pasó? Claro que sí, pero no por una pelea como la que estamos presenciando.

Finalmente, está la nada decorosa respuesta del expresidente Uribe, quien por Twitter arremetió contra Santos llamándolo “canalla” y ayer siguió ocupando medios, gastando palabras, repitiendo improperios, en fin, distrayendo a la opinión pública de los debates esenciales.

Más altura, por favor. Esta pugna no luce ser por el bien del país, ni siquiera por defender sus respectivos gobiernos; parece, más bien, una cuestión de orgullo, de ganar réditos políticos aprovechando la polarización que ambos han sabido alimentar, ad portas del año electoral que se avecina. ¿Y mientras tanto, qué? ¿Vamos los medios, también, a concentrarnos en este rifirrafe, mientras los problemas trascendentales y que no dan espera quedan desplazados? Ciertamente no debería estar este espacio ocupado a tan inútil cuestión; si lo está, es como un llamado a la cordura.

Expresidente, presidente: parece más conveniente que ventilen sus desavenencias en privado, sin acudir a los trinos permanentes ni a las entrevistas donde los golpes van y vienen. ¿No les parece?

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