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Editorial 27 Sep 2011 - 11:00 pm

¿Qué pretende el Icfes?

Los antiguos ECAES, diseñados para evaluar todos los programas académicos de educación superior, dejaron este semestre su lugar a la nueva prueba Saber-Pro que, según el Icfes, busca evaluar competencias transversales y transferibles.

Por: Elespectador.com
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    http://www.elespectador.com/opinion/editorial/pretende-el-icfes-articulo-302258
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¿La razón? Se hizo imposible el mantenimiento de la antigua estructura por el creciente número de carreras que se ofrecen. Algo que era previsible: fue siempre excesivo que Colombia mantuviera una ambiciosa prueba de calidad, mucho más que las que se implementan hoy en el mundo, cuando nuestros indicadores son, en el mejor de los casos, difíciles: la cobertura de educación superior en el país —inflada por la incorporación de los estudiantes del Sena— no llega sino hasta el 35%, los profesores de planta al 30% y los profesores con doctorado corresponden al 4% del total. Hay lugares en los que se pueden utilizar mejor los recursos adicionales y, sin pretender descuidar la medición de la calidad, es posible realizar una evaluación más modesta que ya esté probada y que, de paso, nos sea más provechosa.

Pero no sólo disgusta que el Icfes haya tenido que echar para atrás el proyecto Ecaes por falta de planeación y tirarlo a la basura incluso antes de completarlo, sino que ahora pretenda que la especialización, el aprendizaje para la generación de conocimiento y el dominio de áreas del saber no sea lo que busca la educación superior. La nueva prueba, al definir las competencias como “saber hacer en contexto”, sugiere que el valor agregado se tiene que traducir inmediatamente en un saber práctico. Si a esto le agregamos que éste debe ser un saber práctico transferible, lo que Icfes nos está diciendo es que los estudiantes, desde ahora, no deben ser expertos sino saber de cosas, y para tal propósito está diseñado el nuevo examen: se evaluará, ya no programas, sino grupos de formaciones y cada institución podrá inscribir a sus estudiantes a los módulos que considere adecuados; un filósofo o un ingeniero podrían responder, por ello, el mismo cuestionario.

El valor agregado de la educación superior que pretende cuantificar el Icfes resulta entonces poco más que una medición de si ésta fue o no un buen remedial de bachillerato, ¿o acaso qué otro examen se presta para que lo presenten estudiantes de todas las carreras? Y aunque es cierto que la prueba, además de las competencias genéricas, tiene también competencias específicas —la mayoría de las cuales no van a estar listas para este semestre, pese a lo cual el Icfes echó a andar el nuevo examen—, no están diseñadas para medir los conocimientos de un área sino su supuesta aplicabilidad. Muchas de las carreras de ciencias sociales, por ejemplo, tienen como competencia específica para este semestre la ‘planeación de proyectos’, tarea que tradicionalmente era labor de los administradores pero que, según el Icfes, ya no lo es exclusivamente, pues ahora resulta que las competencias son prácticas transferibles.

Por lo que puede interpretarse, la principal preocupación del Icfes pareciera ser la de alinear la educación superior con lo que cree son las demandas del mercado laboral. Saberes aplicables y flexibles significa, en esta lógica, mano de obra fácilmente empleable. Sin embargo, resulta que la mano de obra fácilmente empleable —y, por tanto, menos especializada— no genera nuevo conocimiento, nuevos procesos, no genera nuevas tecnologías, no genera creación artística, análisis sociales, análisis históricos. Es cierto: el país necesita fortalecer su educación técnica y tecnológica. Pero también es cierto que ni puede quedarse sin formación universitaria —Colombia no sólo es pasión, también es ciencia— y, por el otro, ni siquiera la formación técnica es tan flexible y transferible como se pretende. El Icfes tiene, sin duda, varias explicaciones pendientes. Y más aún con la educación por fuera de la agenda del Gobierno. Realmente no estamos para innovar en el lugar equivocado.

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