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Editorial 12 Jun 2013 - 9:32 pm

Editorial

Una vergüenza

Da vergüenza, por decir lo menos, el ascenso del general Francisco Patiño, hecho efectivo ayer por la Comisión Segunda del Senado, con diez votos a favor y dos en contra.

Por: Elespectador.com
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Y no porque al general le falten méritos para un ascenso, no se trata de eso. Lo que resulta inconcebible es que, en medio de la polémica en la que se encuentra metido, los representantes de la sociedad colombiana le den este reconocimiento, si así quiere verse, en estos precisos momentos de su propia historia.

Repasemos la polémica, para que no se nos olvide. Diego Felipe Becerra era un joven grafitero que pintaba muros con sus amigos en el barrio Pontevedra, en el norte de Bogotá. Cuando llegó una patrulla de policía, ellos salieron corriendo. Un patrullero le dio un balazo por la espalda a Diego, quien murió. Pero ahí no terminó el caso. De hecho, fue desde ese preciso momento cuando empezó la inexcusable historia: la Policía, en vez de reconocer el hecho, salió a decir que los jóvenes estaban robando un bus. Tras la vida, la honra.

Ahí oímos al hoy ascendido general Patiño diciendo cosas en La FM: que la línea 123 recibió una llamada de que robaron un bus, que un patrullero persiguió al ladrón y que luego le disparó por una supuesta legítima defensa.

Ante lo cual, en medio de su dolor y asombro, saltaron los familiares (y con ellos los medios) con preguntas legítimas y razonables: ¿Por qué, si iba a dispararle, el joven tenía la herida de bala en la espalda? ¿Dónde están los pasajeros del bus? Y así, cuestionamientos fuertes que hacían cada vez menos verosímil la versión de la Policía.

Eso hace casi dos años. Hoy la cosa es así: la Fiscalía adelanta una investigación preliminar en contra de Patiño por lo que el mismo fiscal Eduardo Montealegre considera un “falso positivo urbano”, con pruebas claras de que la escena del crimen sí pudo haber sido manipulada por la Policía.

Entonces, ¿por qué ascender a Patiño en medio de todo esto? No hablamos del terreno legal (el papel aguanta todo), sino del ético: ¿no le deben a la sociedad y a la familia de la víctima algo de, digamos, prudencia, algo de claridad? Porque si bien el principio de inocencia se aplica (y es importante) no creemos que sea un argumento suficiente para hacer como si nada estuviera pasando.

El director de la Policía Nacional, José Roberto León Riaño, ha salido a decir que la institución le está dando la cara al país, que ofrece disculpas por los calificativos que usaron contra Diego Felipe Becerra, que con eso espera resarcir “algo” del daño. Y, algo que nadie ha puesto en duda, que sus policías ofrecen su vida por la defensa de los ciudadanos. Lo que sucede es que en este caso no fue así. Y eso hay que verlo, aquí y ahora, en su debido contexto. Sus cándidas palabras quedan borradas por el hecho, en todo diciente, del ascenso del general Patiño como si nada hubiese sucedido.

No puede ser que la sociedad colombiana olvide tan rápido las cosas que pasan acá. Una muestra de altura (de Policía y Congreso) hubiera sido aplazar este ascenso hasta que las cosas estuvieran claras para el general. Pero no.

Mientras tanto, la familia ha tenido que atravesar, aparte del dolor irreparable de la muerte de su ser amado, la desdicha de que su caso esté en el olvido de los reconocimientos públicos. Una vergüenza, realmente.

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