Por: Luis Carlos Vélez

Egipto: ¿cerca de una guerra civil?

La fila de cadáveres cubiertos con mantas blancas se acumula en la morgue de El Cairo mientras los servicios de noticias del mundo muestran sin cesar multitudinarias manifestaciones y violentos choques entre las fuerzas del orden y partidarios del depuesto presidente Mohamed Mursi.

Con el paso de las horas el número de muertos avanza y suma a los ya más de 580 caídos sólo el miércoles, día en que inició este nuevo capítulo de violencia que comenzó cuando el ejército intentó levantar a la fuerza un campamento de manifestantes que se oponen al derrocamiento de su expresidente.

Estas peleas y descontento son el resultado de un golpe de Estado que varios gobiernos por conveniencia se han negado a calificar como tal. También lo son de la llamada Primavera Árabe que provocó la salida de Hosni Mubarak para luego, por medio de elecciones, permitir la entrada de Mursi, miembro de la controvertida Hermandad Musulmana. En el país no hay progreso aparente de esta situación que a diario se torna más radical e irreconciliable. Los muertos no sólo se han limitado a simpatizantes de un gobierno musulmán, sino que también incluyen a peatones, residentes e incluso periodistas internacionales.

El riesgo de una guerra civil es evidente, sobre todo si se tiene en cuenta que hace más de 20 años el levantamiento de un movimiento radical islámico provocó una serie de atentados terroristas que generó centenares de muertos, y el episodio actual tiene incluso más fuerza. Lo más lógico entonces sería que se abrieran nuevamente las puertas para que el país tuviera otro proceso electoral para elegir un nuevo mandatario legítimo, pero la realidad es que es muy difícil pensar en cómo hacerlo teniendo en cuenta la situación de orden público actual.

La decepción se ha apoderado de Egipto, que pensó que tras el derrocamiento de Mubarak, gracias a la Primavera Árabe, registraría un período de avances que la presencia de un dictador no permitía. Pero esa libertad, generada por la salida de un déspota, terminó en la elección de un radical corrupto que también fue sacado en medio de las balas.

Ahora esta nación trata de ajustarse a la realidad de tener a una Hermandad Musulmana sedienta de poder, que sin la presencia de una mano dura aunque corrupta, como la de Mubarak, tiene cada vez más adeptos.

Se trata de un pulso de poder en el que las grandes naciones como Estados Unidos, por conveniencia, o por respeto a las libertades dirían algunos, no quieren intervenir ni tomar partido. El mundo occidental no quisiera ver cómo uno de sus aliados en Oriente queda en manos de un radical musulmán, así que mientras se siga ajustando el modelo a favor de un gobierno prooccidental, la sangre seguirá corriendo, así sea que esto signifique eventualmente una guerra civil.

 

* Luis Carlos Vélez

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