Por: Ignacio Mantilla

Ejemplo excepcional: una universidad para sordos

Mucho se habla de la importancia de la inclusión en la educación como acción esencial para reducir la desigualdad. Pero casi siempre nos referimos a la desigualdad que representa el origen y la condición social o económica. Sin embargo, hay ejemplos que bien vale la pena conocer, de instituciones, comunidades y personas que llevan a cabo tareas admirables en este sentido. Me quiero referir en esta ocasión a uno de estos casos.

Existe una universidad que llama poderosamente mi atención por su vocación, pero sobre todo por su historia y fortaleza conceptual. Se trata de la Universidad Gallaudet de Washington, una universidad que desde sus orígenes fue diseñada para servir a la población sorda; institución única en el mundo con tales características.

Esta universidad tuvo su origen en un colegio para sordos y fue el propio presidente Lincoln quien en 1864 firmó la ley que le autorizó expedir títulos universitarios.

Son múltiples y variadas las historias de las luchas que ha librado esta institución en el camino hacia la evolución académica. Algunas de estas luchas han sido protagonizadas por estudiantes de diferentes generaciones. Gracias a la persistencia, la audacia y la convicción de una comunidad que abandonó el miedo para exigir su reconocimiento, hoy la Universidad Gallaudet es un modelo ejemplar de educación superior incluyente.

Desde la ley de 1864, la institución ha realizado un serio trabajo que comenzó como college. Finalmente, por un acto del Congreso, a Gallaudet College se le da estatus de universidad en octubre de 1986. En 1988 fue nombrado el primer rector sordo de Gallaudet, como consecuencia de un movimiento estudiantil que, hasta hoy, se reconoce como un caso excepcional de activismo estudiantil en favor de la inclusión.

Hoy, la Universidad Gallaudet ofrece 40 diferentes carreras profesionales y mantiene sus principios intactos. En la actualidad, esta universidad ha abierto sus puertas a estudiantes no sordos. Este grupo corresponde al 5 % de toda la población estudiantil.

Los programas que ofrece la universidad son dignos de examinar. Al principio pueden despertar solo curiosidad, pero fácilmente se descubre una oferta tan rica, amplia y especial que atrae toda nuestra atención y despierta admiración. En efecto las posibilidades de especialización y preparación formal con énfasis en las oportunidades educativas para sordos son tan amplias que aun para quienes nos desempeñamos en el campo de la educación superior resultan sorprendentes e insospechadas. Algunos de los énfasis y líneas de investigación son: comunicación abierta y aprendizaje visual, historia y cultura sorda, lengua de señas americano, impacto de la tecnología en la comunicación sorda.

Como principio fundamental, presente en todos los programas, la Universidad Gallaudet sostiene que los sordos pueden hacerlo todo: no deben tener límites.

El primer rector sordo, después de la reforma que lograron los estudiantes, fue el Dr. I. King Jordan, quien estuvo en el cargo durante 20 años. Desde entonces todos los rectores han sido personas sordas, tal como lo exigió el movimiento estudiantil apoyado por los profesores en 1988 con la consigna: “¡Rector Sordo Ya!”. Actualmente la universidad la dirige, desde 2016, Roberta Cordano, primera mujer sorda en ocupar la Rectoría. Y acorde también con la reforma, hoy se exige que al menos el 51 % de los cargos directivos de la universidad estén ocupados por personas sordas.

La Universidad Gallaudet cuenta con casi 1800 estudiantes, de los cuales cerca de 500 son de maestría y doctorado. El 8 % de todos los estudiantes son estudiantes internacionales. Tiene unos 300 profesores. Uno de los programas más exitosos es el de Maestría en Lenguaje y Educación para Sordos.

Quiero resaltar que, por lo general, cuando se habla de educación “para todos”, se empieza por definir quiénes son “todos”, de manera que la motivación por establecer instituciones incluyentes suele terminar por excluir a unos pocos. La Universidad Gallaudet nació para responder a la exclusión que sufrían los estudiantes sordos en otras instituciones, y ha logrado probar que ser sordo, lejos de dificultar el aprendizaje, es una fuente excepcional de conocimiento. El éxito de esta institución muestra que no sólo existen formas de aprendizaje sorprendentes y dignas de reconocimiento, sino que la comunidad sorda ha logrado crear una cultura profundamente valiosa.

En la Universidad Nacional de Colombia, patrimonio de todos los colombianos, desde hace muchos años hemos atendido a los aspirantes sordos, tanto de pregrado como de posgrado, adoptando diferentes mecanismos y apoyados por asesores que dominan la lengua de señas colombiana, para que nuestros estudiantes sordos puedan competir con los demás por un cupo en igualdad de condiciones. El pasado domingo, por ejemplo, presentaron el examen de admisión regular 28 aspirantes sordos, que contaron con las herramientas necesarias para aspirar legítimamente a ingresar a la universidad.

* Rector, Universidad Nacional de Colombia.

@MantillaIgnacio

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