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Álvaro Forero Tascón 23 Dic 2012 - 6:15 pm

El año del deshielo político

Álvaro Forero Tascón

2012 fue el año del deshielo de una década dominada por un fenómeno de militarismo antiguerrillero que tuvo congelada la política.

Por: Álvaro Forero Tascón
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Desde que surgió en la campaña electoral de 2002, la bandera de derrotar a la guerrilla por la vía militar congeló la agenda pública, de tal forma que políticamente no se movió una hoja que no tuviera relación con esa obsesión nacional. Todos los partidos políticos perdieron tracción popular, porque la dinámica política quedó supeditada a la seducción populista de la seguridad.

Ese congelamiento contribuyó a que Juan Manuel Santos mantuviera los beneficios de altísimo apoyo popular en las encuestas durante más de un año. Pero fue el propio Santos el que desencadenó el calentamiento gradual de la agenda nacional.

2012 ha sido el año de transición hacia una recomposición del escenario político, en el que el establecimiento —con el paso a la oposición de Álvaro Uribe— regresó a la antigua división entre derecha y centro, y la izquierda empezó a gobernar por primera vez en la historia en Bogotá; construyó un nicho de oposición parlamentaria destacada desde el Polo Democrático, y lanzó un movimiento de base para gestionar la influencia política de las Farc para la eventualidad de un acuerdo de paz. Desde hace muchas décadas no se veía un panorama político en que los tres sectores —derecha, centro e izquierda— tuvieran potencial político (discurso y liderazgos), para obtener resultados electorales relevantes en las elecciones parlamentarias de 2014.

En la derecha, además de la bandera de la seguridad y el conservadurismo económico que enarbola Uribe, se está fortaleciendo un ala conservadora en lo moral, impulsada por el hecho de que a la agenda pública colombiana están llegando temas sociales controversiales como el aborto y los derechos de los homosexuales. Y en la izquierda, Petro está introduciendo temas políticos nuevos que pueden ser atractivos para el electorado joven y de estratos bajos de las ciudades, como el desarme, el control del daño de las drogas, el reciclaje, la reducción de tarifas, el control de las empresas de servicios públicos y la no segregación. Por otro lado, el proceso de paz está abriendo el debate sobre el desarrollo rural y la minería, que pueden ser temas claves de la agenda pública del futuro.

El descongelamiento aún no tiene una expresión partidista, porque Santos viene frenando la diáspora, cuya primera fase se habría producido con el hundido proyecto de ley sobre transfuguismo, y porque aún no se acumulan las condiciones que tendrán que configurarse para las elecciones de 2014. El hecho de que los sectores que están surgiendo por fuera de la Unidad Nacional sean más competitivos en el plano parlamentario que en el presidencial, hace que el reacomodamiento sea más programático. Pero con la concentración del poder clientelista en el centro del espectro político, la expectativa es que los sectores en surgimiento recurrirán a plataformas populistas para ser competitivos.

Obviamente el proceso de paz será decisivo para consolidar el deshielo o para traer de vuelta los vientos gélidos de la securitización. Pero el país aprendió que la promesa de victoria frente a las Farc era falsa; a menos que como en 2002 se junten el deterioro económico con los problemas de seguridad.

 

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