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Hugo Sabogal 18 Mayo 2013 - 11:00 pm

El arte de saber perdurar

Hugo Sabogal

Marqués de Riscal es una bodega española (de la Rioja Alavesa, al norte de la península) que no ha perdido vigencia a lo largo de sus 155 años de historia.

Por: Hugo Sabogal
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Su fundador, Camilo Hurtado de Amézaga, Marqués de Riscal, no nació entre parras ni entre fudres de vino, pero resultó ser un gran visionario.

Fue diplomático y periodista, y muy joven fijó su residencia en Burdeos, suroeste de Francia, donde tuvo la fortuna de adentrarse en la vitivinicultura fina bordelesa, que por entonces constituía (y aún es) el punto de referencia para los hacedores de vino del mundo. En 1858, Hurtado de Amézaga regresó a España para fundar su propia bodega. Desde entonces, él y sus herederos se han consagrado a promover los principios de innovación y cambio, desde el viñedo hasta la botella.

Su primera gran consagración llegó en 1895, cuando Marqués de Riscal obtuvo el Diploma de Honor en la Exposición de Burdeos, siendo el primer vino no francés en recibir dicho reconocimiento. Fue, sin duda, un momento cumbre para los vinos españoles, y desde entonces este hecho le otorgó a la Rioja la condición de ser una de las mecas de la vitivinicultura internacional.

Pese a que la Rioja se ha identificado siempre con los vinos tintos —y a que la bodega basaba su fama en el Marqués de Riscal Reserva y Marqués de Riscal Gran Reserva, ambos hechos con la variedad tinta Tempranillo—, la empresa decidió incursionar, en 1972, en los vinos blancos, impulsando, de paso, la creación de la hoy famosa denominación de origen de Rueda, actual cuna de algunos de los mejores vinos ibéricos de ese tipo.

En 1986, Marqués de Riscal fue más allá y lanzó Barón de Chirel, el vino emblemático de la casa, considerado uno de los mejores de España y del mundo. No obstante, y consciente de que la economía de una empresa vitivinícola no se construye sobre la plataforma de sus grandes etiquetas, la compañía llevó al mercado en 1999, y con gran éxito, el Riscal 1860 (etiqueta azul), un tinto ligero, destinado a paladares menos exigentes y a bolsillos más modestos.

Además, e impulsados por el reconocimiento mundial de la marca y por las nutridas visitas anuales de entusiastas seguidores, los directivos de Marqués de Riscal (descendientes del fundador) iniciaron, en 2000, el proyecto de crear una ciudadela del vino, en la población de El Ciego, sede de la firma. Invitaron al arquitecto estadounidense Frank Ghery, quien justamente había concluido la construcción del Museo de Guggenheim en Bilbao. Inicialmente, Ghery se negó, pero lo tentaron con una oferta irresistible. “Díganos en qué año nació para destapar una botella en su honor”. Le descorcharon un Marqués de Riscal de 1929, que lo dejó impactado. No sólo hizo el revolucionario edificio —hoy símbolo del modernismo vitivinícola—, sino que se convirtió en uno de los más encariñados seguidores de la marca.

Y para ponerse a tono con los nuevos tiempos, las marcas Marqués de Riscal Reserva y Gran Reserva modernizaron su contenido, a riesgo de que sus más fieles seguidores rechazaran el cambio. Pero los adeptos lo aceptaron y los nuevos consumidores abrazaron el concepto. Hoy, Riscal exporta a 103 países del mundo, un récord para cualquier productor del ramo.

También amplió su portafolio con vinos más modernos, como Finca Torrea y Finca Montico (tinto y blanco respectivamente), y en 2010 le compró a la francesa Pernod Ricard la marca Marqués de Arienzo, que en poco tiempo empezará a llamarse Arienzo by Riscal. Todo este recorrido ha llevado a Marqués de Riscal a ser considerada una de las 10 marcas de vino más admiradas del mundo, según la revista Drinks International.

El pasado miércoles, José Luis Muguiro, director y accionista de Herederos de Marqués de Riscal, ofreció una cata cerrada en Bogotá, conjuntamente con Marpico, su casa importadora local, que ha hecho crecer los pedidos de 800 cajas iniciales a más de 10.000 actuales.

Muchas viejas marcas europeas se han quedado enterradas en el camino de su larga historia. Pero Marqués de Riscal ha demostrado que, fuera de hacer vinos originales, frescos, elegantes y fáciles de beber, también ha aprendido a perdurar en el tiempo; 155 años, para ser más exactos.

  • Hugo Sabogal | Elespectador.com

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